Aun en las condiciones más adversas, cuando hay una
ética interiorizada los seres humanos pueden producir
experiencias sociales admirables. En Perú, 1971, 50.000
pobres sin nada, la gran mayoría de ellos indígenas
andinos crearon en un arenal Villa El Salvador. Vivían
en carpas, en la escasez total, y todo indicaba que serían
una barriada marginal más. Pero no lo fueron.
Movilizaron su gran capital social y cultural. Primero levantaron
con sus manos las escuelas. Dos décadas después
habían construido con sus manos 38.000 viviendas, 2.800.000
metros cuadrados de calles, 60 locales comunales, 64 centros
educativos, 32 bibliotecas populares, 41 núcleos de servicios
integrados de salud, y plantado medio millón de árboles.
Redujeron a promedios menores que los del país la mortalidad
infantil y la materna. Levantaron una ciudad, un parque industrial,
y hace poco una Universidad Tecnológica. Ganaron el Premio
de la Unesco, el Príncipe de Asturias, el de Ciudad Mensajera
de la Paz de la ONU.
Cuando habló en Villa El Salvador en 1985, el Papa Juan
Pablo II, dijo impresionado: "Aquí hay hambre de Dios".
Con 500.000 habitantes el primer municipio autogestionario
de América Latina utiliza la internet para que los vecinos
opinen continuamente, y expide una partida de nacimiento en
10 minutos, y un permiso para crear una empresa en pocas horas.
Sus pilares: la cooperación, el trabajo comunal, la
solidaridad, todos componentes de su cultura andina.
En Venezuela también en 1971 el maestro José Antonio
Abreu, eminente músico, creó el Sistema de Orquestas
Juveniles e Infantiles orientado a niños pobres. Hubo
muchos escépticos. Hace pocos días recibió
el Premio Príncipe de Asturias. Las orquestas tienen
265.000 niños y jóvenes. Han tocado en los principales
escenarios mundiales. Les dieron a los niños un camino,
sentido de trabajo en equipo, disciplina, y sobre todo dignidad.
Abreu explica: "para un niño la condición de músico
es dignísima. Lo más terrible de la pobreza, no
es no tener techo o pan, sino el no ser nadie". Muchas ciudades
quieren replicar la experiencia para sus jóvenes marginales.
En Bahía Blanca, ciudad argentina con 350.000 habitantes,
el líder absoluto en el mercado de alimentos es la Cooperativa
Obrera tiene 65.000 miembros. Su base: sus alimentos son todos
saludables. Desarrolló con apoyo de universidades y la
Organización Panamericana de la Salud un pan con Omega
3, y otros componentes clave para la salud. Todos los meses
tienen una asamblea de consumidores. La clave de sus éxitos:
los principios cooperativos aplicados con todo compromisos
y con innovación gerencial.
Hay mucho en común entre estos casos y muchos otros
en marcha en América Latina, como entre ellos los de
FundaAna (Venezuela), Faca Parte (Brasil), Un techo para Chile
(Chile), Ieladeinu (Argentina), Fe y Alegría (en muchos
países): valores éticos firmes que han permitido
a sus actores enfrentar condiciones iniciales difíciles,
liderazgos éticos ejemplares, innovación social,
organización de la comunidad, movilización a fondo
del voluntariado.
Asesor Principal de la Dirección del PNUD/ONU para
América Latina y el Caribe
kliksberg@aol.com