El poder debe ser una de las pocas cosas que pareciera que
sus rendimientos marginales nunca llegan a decrecer, sino
por el contrario, cuando lo tienes, tu apetito por obtener
más, se va incrementando paulatinamente. Esto lo traigo
a colación porque en un estudio que hizo este medio hace
unos días, nos encontramos con gente como Muammar Gadafi
quien dirige Libia desde hace 39 años; el egipcio Hosni
Mubarak quien tiene 27 años en la presidencia; Omar Bongo
quien lleva 41 años en el poder en Gabón; José
Eduardo dos Santos el cual desde hace 29 años gobierna
Angola o mi favorito el presidente de Zimbabue, Robert Mugabe
quien luego de las recientes "extrañas" elecciones en
su país, va a mantenerse en el poder. Por cierto el amigo
Mugabe está mandando desde 1980 y siempre comenta en
los actos de masas o en sus programas de radio y televisión,
que nadie puede manejar Zimbabue sino él, que la
oposición está entregada al Imperio y que si gana
ésta, con seguridad se originarían problemas bélicos
(¿dónde habremos escuchado semejante discurso?).
Y bueno, decimos extrañas elecciones porque en
la primera vuelta ganó la oposición por amplia mayoría
pero la autoridad electoral se tardó más de un mes
en dar los resultados (pero por lo menos los dieron, nosotros
conocemos otro país que nunca los divulgan…), y luego
en la segunda vuelta y motivado a dantescos hechos de violencia,
la oposición no se presentó a las elecciones y el
triunfo del amigo Mugabe fue anunciado al día siguiente.
Ahora bien, en estos países africanos, ¿no hay otra
persona capacitada para liderar sus países?, ¿por
qué no hay cambios de presidentes?, ¿por qué
tienen estos señores que quedarse tanto tiempo en el
poder?, ¿lo han hecho tan bien que merecen seguir gobernando?,
¿estos países ya son del primer mundo con ellos
al mando? Las respuestas a todas estas preguntas parecen fáciles
de contestar.
En nuestra historia hemos sido testigos del daño al
país que le han hecho las reelecciones, y casos emblemáticos
como los de Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez
son ejemplos muy claros de esto. ¿Qué más daño
al país que la pésima gestión que hizo el señor
Caldera en los años 1993-998?, recordemos que en su gobierno
sufrimos los embates de una terrible crisis financiera y una
fuerte devaluación (en 1993 la tasa de cambio estaba
en Bs. 106/USD, mientras que para 1998 la tasa se ubicó
en Bs.565/USD), que destruyeron los ahorros de millones de
venezolanos y los condenaron a la pobreza. Además como
para que nunca lo olvidemos, terminó su mandato propiciando
una caída histórica en las cotizaciones del petróleo,
llegando a casi $7 el barril. Y luego vino CAP y el desenlace
que ya todos conocemos y padecemos. ¿No sería saludable
para los países prohibir las reelecciones?, ¿qué
mensaje nos deja la historia sobre ellas?, ¿por qué
a los políticos les cuesta tanto hacer la transición
y darse cuenta que su tiempo ya pasó?
Otro caso patético de reelecciones es el relacionado
al actual presidente norteamericano George W. Bush, el cual
con mucha seguridad será recordado como un terrible error
en la historia de la humanidad, viéndose desde cualquier
punto de vista. Por cierto, al igual que Caldera este dejará
su país sumido en una crisis financiera y con niveles
de pobreza bastante elevados. Mr. Bush empezó una costosísima
guerra que nunca supo explicar, fortaleció a sus enemigos
con acciones realmente innecesarias y convirtió al mundo
y en específico a su país, en sitios menos agradables
para vivir. Es por esto, que al momento de que deje la presidencia,
a partir de ese momento, "el mundo sí será un lugar
más seguro".
Estamos seguros que estas prácticas seguirán a
lo largo de la historia de la humanidad, y obviamente en nuestro
país. Pareciera que la conjunción de la eterna búsqueda
de un Mesías, el temor de pueblos asustados o empobrecidos
al cambio y la inexistente capacidad de entender de los políticos
que su tiempo se acabó son ingredientes más que
suficientes para que veamos intentos de eternizarse en el
poder en muchos países por el resto de nuestras vidas.
Luis_cesar_13@yahoo.com