Con la precisión de un reloj, el presidente colombiano,
Álvaro Uribe, dio el mayor golpe de su vida política
esta semana logrando el rescate de quince rehenes en poder
de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC),
lo que consolida el éxito de su gobierno y engruesa
las razones para empujar su segunda reelección.
Ahora las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)
se enfrentan a una fragmentación mucho más intensa:
ya no cuentan con sus principales "armas" políticas
para "negociar" con ningún gobierno o con la comunidad
internacional. Es el momento de decidir si la lucha armada
sigue teniendo legitimidad o lo mejor es negociar para ganar.
El rescate de Ingrid Betancourt, tres estadounidenses y
once policías y militares es un golpe "casi" mortal
que oxigena el conflicto armado, aunque quedan 25 militares
y civiles secuestrados "canjeables", sin contar a otros
700 rehenes.
Debido al despliegue de las Fuerzas Militares, los rebeldes
han cambiado sus operaciones, lo que les impide realizar
tomas de poblados y reabastecerse.
Se suman los 11.000 desmovilizados desde 2002 y la depresión
moral que causaron las muertes de Raúl Reyes, Iván
Ríos y la del líder histórico del grupo,
Manuel Marulanda; con Alfonso Cano reemplazándolo,
se han dibujado escenarios esperanzadores, aunque no hay
señales.
El analista militar Alfredo Rangel, de la Fundación
Seguridad y Democracia, indica que las FARC nunca se podrán
recuperar de este golpe; primero fue una burla, segundo,
demuestra la falta de comunicación que hay, vital en
la guerra".
"En este momento -refiere José Obdulio Gaviria, asesor
del presidente Uribe- el Gobierno no presentará más
opciones que las que están en el tapete: la desmovilización
masiva y un diálogo sin armas, si no acatan seguiremos
con nuestros operativos militares, eso no cambiará".
Los militares colombianos han dibujado varios escenarios
de reacción de las FARC, entre ellos una mayor independencia
entre los bandos para reducir las infiltraciones y una fuerte
división entre los líderes del Secretariado por
las posiciones encontradas de dialogar o atacar.
Expertos vislumbran que la nueva línea que va a desarrollar
los dirigentes de las FARC será "seguir la lucha armada,
recuperar los frentes perdidos y preparar la Gran Ofensiva",
"hecho que debilitaría mucho más su imagen dentro
y fuera de Colombia", dice el consultor político Rafael
Guarín, de la Universidad del Rosario.
Betancourt habla de "tiempos de paz y de reflexión
para Colombia" y, desde un punto de vista más conciliador,
la guerrilla podría optar -con un Cano más político-
por la liberación del resto de los rehenes, con un
proceso de paz a las espaldas.
Como ha dicho Betancourt, ya el acuerdo humanitario está
en un "sin salida".
No hay muchas condiciones a su favor y sus aliados extranjeros
no pueden apoyarlos como antes, por lo que entregar las
armas y una mesa de diálogo puede de algún modo
limpiar su decaída imagen.