Hay un sólido ganador con el rescate de los quince rehenes de las FARC: el presidente Álvaro Uribe, quien supo ahuyentar los viejos demonios que criticaban su estrategia del cerco y la presión militar para lograr reducir el poderío de esta guerrilla.
Con las cartas a su favor, Uribe vuelve a retomar las riendas del proceso de paz y a realzar su protagonismo en tiempos en que la Corte Constitucional colombiana puso en duda la legitimidad del proceso que permitió lograr su reelección en agosto de 2006.
Así, como señala un editorial del diario El Tiempo: "Uribe consigue aislar las iniciativas de sus homólogos Hugo Chávez, de Venezuela y Rafael Correa, de Ecuador, de dar mayor protagonismo político a las FARC".
La encuestadora Gallup reveló en mayo que 82% de los colombianos respaldaba la gestión de Uribe, por lo que las acciones de los últimos días terminarán por enaltecer la imagen de mandatario, quien no oculta su intención de ir a un tercer mandato.
Y es que Uribe lo hizo muy bien. Consiguió el espaldarazo que necesita, y nada menos que de la propia Ingrid Betancourt, quien mostró tras su liberación el respaldo a otra reelección: "¿Por qué no?", dijo la ex candidata presidencial, quien ahora será la mejor portavoz de lo que toda Colombia grita: los horrores que comete la guerrilla.
Un firme opositor del mandatario, el senador del Polo Democrático Gustavo Petro, declaraba a la prensa que Uribe ahora "puede escoger entre dos caminos: o perpetuarse en el poder, porque no va a tener contradictor, o terminar su segundo período como el hombre que doblegó a las FARC".
Con un Congreso permeado de parapolítica, pero un gobierno con éxitos militares a cuestas, Uribe puede desafiar más aun a sus adversarios sin temor a un rechazo. flb