Londres.- Roger Federer se clasificó
para su sexta final consecutiva de Wimbledon tras vencer al
ruso Marat Safin por 6-3, 7-6 (3) y 6-4 en un partido muy
digno del ruso, que enseñó al público británico
un arsenal de golpes suficientes para merecer llegar a la
final, cuando no esté el suizo delante.
El ruso jugó su mejor tenis en hierba desde que debutó
en Londres en 1998. El buen juego exhibido por el moscovita
sirvió para igualarse con el pencatampeón en casi
todos los tramos del encuentro, reseñó Efe.
Pero Federer escribió una vez más la vieja historia
de aquel que osa jugarle bien en hierba: no bajó la guardia
en ningún momento y con un tenis casi perfecto se llevó
el choque en una hora y 42 minutos de duración.
Safin, como el día de Feliciano López, tardó
en entrar al partido. Federer le hizo el primer juego en blanco,
le rompió el servicio en el segundo y se puso 3-0 arriba
con un nuevo juego en blanco. El partido llevaba una velocidad
de vértigo en dirección a una nueva humillación
del helvético.
El ruso, entonces, comenzó a afinar con su saque y devolvió
un juego en blanco a su rival para deleite de la grada. En
todo caso, la ruptura inicial de Federer dejó el set
allanado, que acabó 6-3 para el favorito en 25 minutos.
Al menos la primera manga sirvió para que Safin afinara
su mirilla. Tanto en el saque como en su juego de fondo, que
comenzó a acercarse a la línea de Federer, incomodado
ahora por el ruso.
Safin llegó a contar incluso con un par de bolas para
quebrar el servicio de Federer y realizarle un nuevo juego
en blanco con un saque que era entonces una máquina de
hacer aces.
Todo para llegar al desempate. Para ganar a Federer, había
adelantado Safin, tienes que "ser Nadal y correr por toda
la pista como un conejo sin parar de lanzar bolas ganadoras".
No fue el caso. Safin se descentró -una vez más-
en el momento de la verdad y se puso 4-0 abajo en el tie-break.
Todo lo que le había entrado durante el set se marchó
fuera, como si de repente fuera un partido diferente, otra
cancha y otra ciudad.
Federer se llevó el segundo set de nuevo sin pestañear,
exhibiendo a su vez un saque muy eficaz, que cambiaba a su
gusto de un lado al otro del cuadro del ruso.
El suizo no mostró fisuras en su juego, lo cual es un
aviso para Rafa Nadal, en el caso de que el español llegue
a la final. Y, ante todo, una lección para aquellos que
dudaron de él. Federer, diplomático, justificó
esas opiniones tras su choque por la exhibición de Nadal
en París y su reciente triunfo en Queen's.
El tercer set fue parecido a los dos primeros. Tan sólo
cambió el momento del clímax. Fue de agradecer que
Safin siguiera en el partido y avanzara hacia un nuevo desempate
ganando su saque, con el que firmó hoy 13 aces -14 Federer.
El suizo rompió definitivamente el servicio de Safin
con la primera bola de partido para borrar de un plumazo el
suspense y algún que otro nuevo intento del ruso de emprenderla
con el césped de la "Catedral" a raquetazos.
La celebración de Federer tras vencer al ex número
uno del mundo -allá por el año 2000- fue un punto
por encima de su umbral de felicidad, con saltito incluido.
¿Acaso tiene más ganas de ganar este año? "No
lo creo", respondió de nuevo con corrección, pero
dejó claro que ganar y quebrar un saque tan potente como
el de su rival de hoy "siempre es un placer".
Federer accede a su sexta final consecutiva, quizá la
tercera frente a Rafa Nadal. Y entonces se resolverán
todas las dudas. Hoy, al menos, no hubo ninguna.