Alí Rodríguez A. tiene asignada una tarea de vital
importancia, abatir la inflación. Obligaciones adicionales
podrían identificarse desde su rol de ministro de Finanzas
y eventualmente líder del gabinete económico. Pero
mucho se juega con el resultado de este combate, se trata
de un nudo amarrado al cuello que no deja respirar al país
con tranquilidad. Conceptuar apropiadamente la naturaleza
del fenómeno es determinante. Los que piensan que la
explicación pertenece al campo de la especulación
y el acaparamiento confunden el árbol con el bosque.
Alí, comienza agarrando el toro por los cachos, y nos
explica que hay "un desequilibrio entre la oferta y la demanda".
El cual no es justo atacarlo solo por el lado de la demanda,
pues implicaría el tipo de ajuste que siempre pagan los
pobres. Hay, dice Alí, la necesidad de aumentar la oferta
agregada, en especial la de alimentos.
Ocuparse de la oferta es un aterrizaje en el mundo real y
una ruptura con las quimeras de la izquierda infantil y sus
teóricos europeos como Alan Woods. Refuerza el sentido
de revisar la relación con el mundo empresarial. El esfuerzo
por impulsar el surgimiento de nuevas estructuras productivas
no tiene un resultado que permita prescindir del aparato productivo
heredado. De lo cual ha tomado nota el Presidente que no quiere
chocar con la misma pared. Al incluir a los empresarios "dispuestos"
en el reimpulso productivo, hay un acercamiento tácito
a nuevas formulaciones que combinan mercado con desarrollos
poscapitalistas.
La propuesta de "un estado mayor agrario" para ampliar la
producción de alimentos es un escenario propicio para
mostrar las virtudes de la nueva política. Si de aumentar
la oferta se trata, el sector agrícola presenta las mejores
ventajas para un salto en el corto plazo. Nada falta sino
la voluntad. Adelante, Alí, muestra que ella también
existe.
gomezfebres@msn.com