Estoy seguro que esa pregunta deben habérsela hecho
millones de venezolanos al escuchar el disparatado discurso
de Hugo Chávez en el desfile realizado por el Ejército
en conmemoración de la batalla de Carabobo. Es verdad,
que una de las características de este régimen ha
sido siempre la arbitrariedad y el irrespeto a toda norma
de mínima convivencia política, pero nunca me imaginé
que se utilizaría el delito de traición a la patria
para descalificar a todos aquellos que no coinciden con la
forma de pensar de este Gobierno. Lo más doloroso es
que ese lamentable discurso se realizó en un acto,
que por sus mismas características protocolares, exige
de un gran comedimiento por ser dirigido a los oficiales y
soldados del Ejército. También, debo señalar
con tristeza que el desfile irrespetó, de una manera
inaceptable, viejas tradiciones militares que se forjaron
durante el gran esfuerzo de profesionalización de las
Fuerzas Armadas que se realizó en Venezuela durante todo
el siglo XX.
Hablemos del discurso de Hugo Chávez. Se supone que
constitucionalmente la Fuerza Armada Nacional es apolítica
y no deliberante, circunstancias que obligan, legal y moralmente,
al presidente de la República y comandante en Jefe de
la Fuerza Armada a no discutir en el medio militar sobre
aspectos relacionados con problemas internos de su partido
y mucho menos sobre la lucha existente entre distintas ideologías
al acercarse un proceso electoral. Es injustificable que Hugo
Chávez le haya dado un espaldarazo a Clodosbaldo Russian,
contralor general de la República, sobre un aspecto tan
polémico como las inhabilitaciones políticas de
más de 400 venezolanos. Se supone que el Tribunal Supremo
de Justicia estudia, en este momento, si dicha medida es constitucional
o no. El respaldo público del presidente de la República
a la actuación del contralor general de la República
es una presión indebida sobre los miembros del Tribunal
Supremo de Justicia que deben decidir próximamente.
Los señalamientos que Hugo Chávez hizo de los generales
Isaías Baduel y Luís Acosta Carlez son inaceptables.
Señalar ante oficiales, cadetes y soldados que un general
en jefe es un traidor, que se equivocó al ascenderlo
a ese grado y no se cuántas cosas más compromete
totalmente la moral del Ejército. Este permanente irrespeto
a los oficiales generales, más los permanentes abusos
del Gobierno, debe ser una de las causas de las reuniones
conspirativas que, como Hugo Chávez señaló
en su discurso, están ocurriendo en los cuarteles.
En el caso particular del general Baduel el hecho es aún
mucho más grave, ya que por más de cuatro años
el mismo Hugo Chávez lo presentó como el héroe
de la revolución bolivariana. Nunca estuve de acuerdo
con la actitud del general Baduel durante los acontecimientos
del 11 de abril, ya que su lealtad a Hugo Chávez le causó
un grave daño a Venezuela, pero es innegable que su comportamiento
militar estuvo encuadrado dentro de las normas establecidas
en la Constitución y leyes de la República. Al contrario,
la lamentable actuación de Hugo Chávez al rendirse
sin ni siquiera intentar defender su gobierno, teniendo los
medios militares para hacerlo, compromete de una manera indiscutible
su honor militar.
Los señalamientos sobre distintos hechos de corrupción
realizados por el presidente de la República en contra
del general Acosta, gobernador del estado Carabobo, son realmente
de una inmensa gravedad. Si el jefe del Estado tiene suficientes
pruebas de estos hechos irregulares debió denunciar de
inmediato a ese funcionario ante la Fiscalía General
de la República a objeto de que se ejerzan, en su contra,
las acciones legales correspondientes. De no hacerlo, se convierte
en cómplice. Lo más curioso de este caso, es que
la opinión pública señaló en más
de una oportunidad la indebida conducta de dicho general y
sus pocas condiciones éticas para ejercer la gobernación
del estado Carabobo Es imposible querer justificar ahora
los errores cometidos por el gobernador Acosta, ya que ellos
son responsabilidad exclusiva de Hugo Chávez. Hacer público,
en medio del desfile, el enfrentamiento existente entre el
general Clíver Alcalá Cordones, comandante de la
Brigada Blindada, y el gobernador Acosta debilita aún
más la disciplina y la cohesión interna de la Fuerza
Armada.
No es posible que Hugo Chávez, de una manera tan irresponsable,
continúe comprometiendo la seguridad de la nación.
Atacar, como permanentemente lo hace, a Estados Unidos sin
medir las consecuencias es someter a Venezuela a un riesgo
innecesario. Engañar a nuestro pueblo sosteniendo que
la Fuerza Armada, respaldada por la Reserva y la Guardia Territorial,
está en capacidad de defender nuestra seguridad ante
esa amenaza es un irrespeto a la inteligencia de los venezolanos.
Nuestra Fuerza Armada tiene una capacidad militar muy limitada
para enfrentarse a la primera potencia mundial e imaginarse
al pueblo de Venezuela en una acción de resistencia a
una invasión provocada por el propio Hugo Chávez,
significa comprometer por muchos años el destino de nuestras
futuras generaciones. ¿Es eso lo que quiere Hugo Chávez
para Venezuela?
El Alto Mando Militar debería estudiar la capacidad
militar que tenía el ejército de Saddam Hussein,
más de un millón de soldados, 8.000 tanques y armas
convencionales de todo tipo. Esa poderosa Fuerza Armada no
resistió ni siquiera una semana al ataque norteamericano.
La superioridad tecnológica era indiscutible. La
resistencia iraquí se ha venido desmoronando, después
de un inmenso sacrificio, en una lucha fratricida que lo único
que ha logrado es la muerte de miles de sus ciudadanos sin
ninguna posibilidad de éxito. Ojalá nuestro
pueblo tenga la inteligencia y la perseverancia para evitar
que Hugo Chávez siga conduciendo a Venezuela por un camino
tan tortuoso y peligroso.
ferochoa@cantv.net
ferochoaantich@hotmail.com