Slavoj Zizek -citado por Chávez el miércoles-
es un intelectual neocomunista profundamente endeble. De esos
que aún reivindican las boberías de Marx. Tan endeble
es, que en su libro La suspensión política de
la ética llega a preguntarse: "¿Fue, como podemos
asegurar hoy, incluso el glorioso mayo del 68 de París
una rumspringa colectiva que reforzó la capacidad
reproductiva del sistema?".
Lo de rumspringa alude a una atávica
costumbre de los amish norteamericanos que -al cumplir
los 17 años- botan a sus hijos de la casa para que vivan
el derrape exterior y regresen al hogar reconciliados con
la secta. Análogamente, los jóvenes parisinos del
68 habrían degustado la revolución para volver luego
al Capitalismo. Y Slavoj, desolado, agrega: "Nada mejor para
una adecuada integración a la comunidad político-ideológica
hegemónica que un pasado 'radical' en el cual se han
vivido los sueños mas desatados... es el sorprendente
número de neoconservadores gringos actuales que fueron
trotskistas en su juventud".
Zizek, al parecer, no regresó al hogar, se quedó
en la rumspringa: ¡¡sigue siendo comunista aunque ahora,
a diferencia del 68, todo el mundo sepa que se trata de un
fraude!! El terrible Slavoj acaba de publicar, en El País,
un lamentable artículo en el que se pregunta: "¿Contiene
el capitalismo globalizado actual antagonismos tan fuertes
cómo para impedir su reproducción indefinida?".
Más adelante: "la privatización de la sustancia
común de nuestro ser social es un acto violento al que
hay que resistirse por todos los medios ¡¡incluso violentos!!,
si es necesario" (la doble admiración es mía). Y,
para rematar: "¿Acaso la necesidad de una acción
política mundial que sea capaz de neutralizar y canalizar
los mecanismos de mercado no sustituye a una perspectiva propiamente
comunista? Así, la referencia a los 'elementos comunes'
justifica la resurrección de la idea de comunismo: nos
permite ver el 'encerramiento' progresivo de esos elementos
comunes como proceso de proletarización de quienes, con
él, quedan excluidos de su propia sustancia".
Brutalmente inconsistente, infantiloso: en la primera
parte de ese último párrafo se asume la posibilidad
de una "acción política mundial capaz de neutralizar
y canalizar los mecanismos de mercado", proceso éste
que podría sustituir "a una perspectiva propiamente comunista".
Para luego agregar que "los elementos comunes justifican (por
todos los medios, incluso los violentos) la resurrección
de la idea del comunismo".
Pero la síntesis de lo endeble del pensamiento de Zizek,
la expresión más hermosa de cuán juveniles
son sus ideas, es esa pregunta acerca de si "el capitalismo
globalizado contiene antagonismos capaces de impedir su reproducción
indefinida". Como si alguien fuese tan bruto para pensar que
a dicho sistema hay que mantenerlo intacto ¡¡indefinidamente!!
Como si las reformas no existiesen. Es la idea más tonta
de Marx, la propia noción de Revolución:
la creencia infantil de que el Capitalismo sustituyó
al Feudalismo exactamente el 14 de julio de 1789 ¡¡y no a
través de un lentísimo proceso que a lo largo de
600 años transformó al Feudalismo desde dentro!!
Es negarse a captar que el capitalismo, gracias a la Responsabilidad
Moral de la Empresa, puede abordar, entre muchos otros,
los cuatro grandes problemas que -según Zizek- ni el
mercado, ni la propiedad privada pueden resolver: la amenaza
de una catástrofe ecológica, las inmigraciones ilegales
masivas, las implicaciones éticas de la biogenética
y las aberraciones más extremas de la propiedad intelectual.
emeteriog@cantv.net