En Mérida hay una capilla con un vitral en donde aparece Gregorio Rivera
OSCAR YANES
¿Dónde están las llaves?
Los cuatrocientos cincuenta años de la ciudad de Mérida
me han hecho recordar la historia (para muchos leyenda) del
anima de Gregorio Rivera, quien asesinó por celos a su
virtuosa esposa y hoy, según creencia extendida por Venezuela,
es invocado por miles de personas cuando la memoria falla
y no sabes donde están las llaves o no encuentras una
prenda de gran valor.
Gregorio Rivera, es el ánima que ayuda todo lo que se
ha perdido. ¿Por qué? Porque él mismo recuperó
con el arrepentimiento su alma "que ya estaba perdida".
Gregorio espiaba a su mujer durante las 24 horas del día.
Algunas veces decía, que se iba para Mucuchies o Tovar
y se presentaba en la casa media hora después de abandonar
el hogar. Un día encontró a la esposa, que había
salido del baño y estaba arreglándose y montó
en cólera.
-¿Para dónde vas? ¿Con quién estás
saliendo? ¿Cuénteme lo que hace cuando yo estoy
afuera? La mujer cansada y furiosa, le gritó: -¡Basta,
Gregorio, basta! ¡ya me tienes cansada con esos malditos celos...!-
Fue entonces cuando Gregorio Rivera sacó un puñal
y trató de matarla. Ella escapó hacia la puerta
de la calle y logró salir gritando:
-¡Auxilio! Auxilio! Me quieren matar-. Corrió entonces
hacia el convento de las Clarisas y pidió a las monjas
que le abrieran, "porque mi marido me quiere asesinar... "
Estaba prohibido entonces darle asilo en los conventos a
mujeres casadas, salvo cuando se encontraran en peligro de
muerte.
El capellán autorizó protección para la señora
de Gregorio Rivera, pero pasaron unos diez minutos y se presentó
el hombre gritando desde la calle que "le devolvieran a su
mujer".
La Madre Superiora, fue a abrir la puerta, pero después
del suceso contó, que se detuvo, pues tuvo un horrible
presentimiento y pensó que "al abrir el portón me
asesinarían".
Gregorio Rivera, siguió desde la calle insultando a
las monjas y pidiendo que "me devuelvan a mi mujer". A los
cinco minutos se cansó de tocar y gritar y se fue para
la capilla que estaba cerca pero al entrar vio al capellán
que arrodillado estaba rezando, y sin pensarlo dos veces le
disparó por la espalda y lo mató.
Gregorio dejó el templo, tomó el caballo y huyó.
Salió de la ciudad de Mérida y toda la noche galopó
hacia la Sierra pero se dio cuenta que lo perseguía una
bestia horrible, que según sus propias palabras, "lanzaba
fuego por la boca".
Corrió toda la noche y de pronto perdió el sentido;
cuando despertó se encontró en la puerta de la iglesia,
a pocos metros de donde había asesinado al sacerdote.
Lo apresaron y lo condenaron a muerte. Nunca supo como regresó,
pero dijo a los jueces: "mi alma se perdió, pero quiero
recuperar lo perdido". Gregorio Rivera fue ajusticiado y a
los pocos días apareció una perla que se había
desaparecido en un río. El propietario contó que
invocó su ánima. Después se siguieron acumulando
historias de cosas perdidas que aparecían cuando se rezaba
por el ánima de Gregorio. En Mérida hay una capilla
con un vitral en donde aparece Rivera y si se te perdió
algo, recuerda esta historia.
Así son las cosas.
ayanes@eluniversal.com
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