MARIANNA PÁRRAGA
EL UNIVERSAL
Luis Martínez se compró una carretilla para buscar
la bombona de gas en un abasto que está ubicado como
a 2 kilómetros de su casa en Mariches. También compró
una bombona extra para no quedarse sin gas, particularmente
en la noche, cuando es más difícil conseguirla.
No todo el mundo tiene esa posibilidad. Muchos usuarios se
ven en la necesidad de pagar taxis de ida y vuelta para buscar
el cilindro en las plantas de envasado y otros esperan semanas
a que llegue el camión repartidor. Acortar la ruta y
la espera tiene un costo y éste muchas veces multiplica
el precio de la bombona, regulada en 3,7 bolívares fuertes
desde 2004.
De estas y otras maneras, el sobreprecio del cilindro de
gas, particularmente la versión más pequeña
(10 Kg) se ha institucionalizado en todo el país, al
punto al que prácticamente ningún camión despachador
vende el producto al precio regulado. Si lo hace, esto va
en su propio perjuicio, pues, imposibilitados de pagar el
aumento salarial de 30% decretado en mayo, muchos patronos
han permitido a sus choferes "redondearse" cobrando un precio
superior al fijado.
En otros casos los mismos distribuidores son cómplices
del sobreprecio y reciben una porción de la tajada. A
estas prácticas, consideradas por muchos como "desesperadas",
han tenido que recurrir algunos para evitar la quiebra de
sus empresas.
Estudios hechos por los propios distribuidores indican que
el precio que permitiría lograr el equilibrio económico
se acerca a BsF 1 por kilo, es decir, que la bombona más
pequeña debería venderse en BsF 10, casi el triple
del importe actual. Algunos envasadores incluso han propuesto
al Ministerio de Energía y Petróleo que incremente
las versiones grandes en mayor magnitud que la pequeña,
para no golpear al consumidor de menores ingresos.
Sin embargo, ninguna de las propuestas de los industriales
ha sido puesta en práctica por la dirección de Mercado
Interno del Menpet y, en los cuatro años y medio que
han transcurrido de congelación de los precios finales
de venta, han circulado cientos de rumores sin efecto sobre
las medidas que prepararía ese despacho para aliviar
la difícil situación financiera del sector. El último
de estos rumores señala que el Menpet apuesta a autorizar
un subsidio de BsF 3 por cada bombona de 10 kilos vendida.
De esa manera, aunque el precio del cilindro se ajuste de
3,7 a 5 bolívares fuertes, un alza de 35%, los envasadores
y distribuidores recibirán BsF 8 por cada una.
Al borde de la anarquía
Empresarios consultados respecto a esta posibilidad se mostraron
conformes. No obstante, advirtieron que en cualquier escenario
será cuesta arriba lograr que los transportistas e incluso
los llamados "estanteros" (abastos y comercios que comercializan
los cilindros) vuelvan a cobrar el precio regulado.
Mientras muchos distribuidores no se benefician del sobreprecio,
los transportistas están obteniendo ingresos extras de
inmediato. Si los obligaran a regresar al esquema anterior,
muy probablemente verían disminuir su ingreso mensual.
Además, los patronos tienen muy pocas armas en sus manos
para convencerlos pues, entre otras cosas, la inamovilidad
laboral les impide despedir a los conductores indisciplinados.
Esta anarquía se incrementa con el tiempo. Los clientes
que viven en rutas de difícil acceso, entre ellas los
barrios caraqueños, se ven forzados a pagar la bombona
hasta en BsF 15.
Por su parte, los industriales observan un incremento en
los robos de cilindros de las plantas de llenado e incluso
en el número de atracos a camiones despachadores, en
la mayoría de los casos no sólo para robar al conductor,
sino también para quitarle bombonas y camiones.
Al final, el perjudicado es el usuario. La calidad de servicio
de un producto que tenía una alta penetración en
el país, va en franca desmejora.
mparraga@eluniversal.com