Recientemente algunas de las asociaciones vecinales más
activas de la ciudad, particularmente las que gravitan sobre
el bulevar de El Cafetal, han manifestado su alarma por los
desarrollos urbanísticos que ocurren aguas arriba, sobre
todo en el vecino municipio El Hatillo. Y sus razones son
comprensibles: una vez concluidos, buena parte de ellos desaguarán
a través de ese ya congestionado bulevar hacia los principales
centros de empleo de la ciudad y las áreas de mayor concentración
de servicios educacionales, por lo que es fácil pronosticar
su colapso. ¿Qué hacer frente a semejante amenaza?
De acuerdo a informaciones de prensa, se habría definido
una estrategia en dos etapas: la primera consistente en demandar
la información pertinente a las autoridades locales correspondientes
y la segunda en una iniciativa para detener los nuevos desarrollos.
La primera es absolutamente lógica, pero irrelevante
respecto a las preocupaciones vecinales a menos que revelara
violaciones a las leyes y ordenanzas; la segunda no sería
aplicable en general sino sólo en aquellos casos en que,
de nuevo, se detecten irregularidades.
Aunque sus tasas de crecimiento se han reducido radicalmente,
la población de Caracas no ha dejado de crecer, por lo
que es natural que, mientras existan en ella terrenos con
potencial urbanístico, haya una legítima presión
para desarrollarlos. Tratar de congelar el crecimiento de
la ciudad es la peor de las políticas, la misma que ha
causado la expansión explosiva de la ciudad informal
y el crítico déficit de servicios que ha llevado,
en particular, al virtual colapso de la movilidad. En esa
materia la responsabilidad principal no recae sobre los gobiernos
municipales, que sólo pueden actuar con atenuantes, sino
sobre los gobiernos nacional y metropolitano, que han dejado
la ciudad a la deriva al menospreciar las políticas de
transporte público, engavetar los proyectos de infraestructura
vial y estimular el uso del auto privado. Es a ellos a quienes
hay que exigir, sobre todo en estos tiempos de altísimos
ingresos petroleros, atender la demanda estructural de la
ciudad. Ardua tarea frente a quienes han demostrado que sólo
quieren destruirla, pero no hay otra opción: lo demás
es estéril lucha fratricida.
marconegron@msn.com