La educación médica no es gratuita en Cuba. No
debe serla en parte alguna. En libertad decidí que sería
médico y aunque mis padres podían pagar mi educación,
no tuvieron que hacerlo. Saldo mi deuda de gratitud trabajando
en un hospital público por más de 9 lustros, con
ahínco por risible estipendio. Los médicos que está
"deformando" la "involución" que padecemos, como sus
pares isleños, tendrán que pagar. Desapercibidos,
han firmado un leonino contrato que les obligará por
siempre. Sus pares insulares, llenos de emoción y movidos
por sentimientos de solidaridad, estudian un programa más
interesado en lo político que en lo médico, así
que siempre estarán a la zaga del progreso y vivirán
en perpetua e impagable deuda, que será igual para el
recién egresado que para el ya curtido, no habiendo cuestionamiento
alguno porque el disentimiento es castigado. El Estado se
apodera de él y lo torna en su esclavo.
Decide por él; lo moviliza como un trasto al favor de
penetración política; no le permite actualizarse,
ni ir a congresos en los centros del conocimiento, ni emplear
la Internet o consultar literatura especializada de la cual
carece; le exporta a un elevado coste -del cual apenas obtiene
unos 30 dólares por mes porque sus amos se llevan el
resto-; le hace vivir en países exóticos y en situación
paupérrima donde sus pasos son espiados y sus traspiés
castigados; rechazados por sus colegas locales viven condenados
al ostracismo; su familia es secuestrada y sus miembros utilizados
como rehenes porque esta cruel actividad es prerrogativa del
Estado cubano, malsano y perverso.
"Patria, socialismo o muerte" ¿es la alabanza a la muerte
compatible con el espíritu altruista del médico?-
les veo pronunciar, y siento pena por su destino entrampado.
rafael@muci.com