A juzgar por la forma como pretende abordar el reto electoral
de noviembre, es claro que la experiencia de RCTV no le sirvió
de aprendizaje al Presidente de la República. A un año
de su arbitraria decisión de cierre -y pese a los onerosos
costos que ella le generó-, el mandatario se propone
continuar actuando de acuerdo al mismo patrón de conducta
empleado para apuñalar al canal de Bárcenas.
Entonces Chávez desatendió el retumbante clamor
de la opinión pública en contra de la injusta medida,
con la misma altanería con que hoy pretende utilizar
el resultado de los comicios regionales y locales como un
trampolín para desconocer el veredicto popular del 2D,
e introducir de nuevo -mediante artificios legislativos- la
reelección indefinida de su mandato y todas las demás
reformas reprobadas por el soberano, a través del sagrado
ejercicio del sufragio.
Así, lo que el país está viendo es la reafirmación
de un deshonesto modo de proceder en el cual la intolerancia
frente al disentimiento trasciende del campo estrictamente
político. Es un hecho que Chávez no admite siquiera
la disidencia popular expresada en votos, tal cual como
lo revela su intención de tomar las veredas torcidas
de la revolución para insistir en su propósito perpetuista.
El tema pone de relieve los sensibles riesgos a los que el
jefe del Estado se someterá por causa de su afán
de vincular las elecciones regionales a la reelección
indefinida y al proyecto constitucional negado por los electores.
Para todos aquellos que rechazaron la reforma el pasado diciembre,
noviembre es la oportunidad de ratificar el NO y de rescatar
el poder del veto popular, al que Chávez busca aniquilar
explorando los caminos del contrabando.
En lo que al oficialismo se refiere, las pretensiones reformistas
desmejorarán las ya precarias condiciones con que los
rojos asistirán a la cita regional. Bien se sabe que
muchos chavistas votaron por el NO que Chávez planea
desconocer después de noviembre y si acaso los resultados
le sonríen. Agréguese además, el impacto que
la insistencia producirá entre quienes optaron entonces
por abstenerse y entre quienes se sumarán a las filas
del desencanto, tras las ficticias elecciones internas de
este domingo. Ni hablar de los efectos del asunto en el mundo
militar, que también rechazó la reforma, y cuyo
papel será tan crucial como el del pasado 2D.
Si Chávez equivocó en los cálculos al cerrar
a RCTV a espaldas de la opinión pública, es evidente
que hoy se expone al mismo revolcón. Por lo visto, nunca
entendió lo que ocurrió hace un año. Ese día
el soberano descubrió a un Presidente arrogante para
quien la opinión del pueblo no tiene valor alguno. En
noviembre Chávez sabrá hasta dónde está
dispuesto a llegar el electorado para recobrar la autoridad
de su veredicto. Si el costo del caso RCTV fue el fracaso
de la reforma, basta imaginar el costo de esta obscena insistencia.
argelia.rios@gmail.com