Han pasado casi 20 años desde su última aventura, y ya Indiana Jones, aunque con canas, mantiene casi todas las particularidades que conforman el carácter que le hizo protagonista de una de las sagas cinematográficas de mayor brillo, cuya cuarta entrega ( Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal) se estrena hoy en todo el mundo.
Ha sido uno de los proyectos más esperados de la industria. Pero esperar no ha valido la pena. Los fanáticos del arqueólogi estadounidense, profesor universitario, temeroso de las serpientes y diestro con el látido, podrán reencontrarse con su héroe, sólo que esta vez en lugar de perseguir tesoros arqueológicos tendrá un encuentro cercano del tercer tipo. Ni Kate Capshaw ni Sean Connery le secundan, pero tampoco Mulder ni Scully, que ya tienen suficiente trabajo con la segunda parte de Expedientes Secretos.
Sucede que George Lucas, esta vez respaldando a Steven Spielberg, parece haber repetido los errores que le acompañaron en su Episodio I: demasiados excesos para algo que se aventuraba simple y sin rebuscamientos. En lugar de mirar en los secretos de la tierra y sus antiguas civilizaciones, el par decidió mirar nuevamente a las estrellas.
¿El resultado? Un pastiche cinematográfico que saca a Indi de su contexto arqueológico para convertirlo en un cazador de alienígenas.
Vuelve su inconfundible sombrero, su chaqueta de cuero y su inseparable látigo, pero la Guerra Mundial que anunciaba la tercera parte de la saga, Indiana Jones y la Última Cruzada (1989), ha dado paso a la Guerra Fría, por lo que Jones ha de enfrentarse esta vez a unos caricaturescos agentes soviéticos que quieren apoderarse de la calavera de cristal y que tienen por líder a la excesiva y calculadora Irina Spalko, interpretada por Cate Blanchet.
El tiempo ha pasado para el personaje, y ahora comparte el peso en las complejas escenas de acción, con Mutt Williams (Shia LaBeouf), un joven e impulsivo émulo de Marlon Brando que resulta ser el hijo de Marion, la mujer con la que Jones compartió la búsqueda del Arca Perdida en la primera de las pe-lículas del personaje, para el que Spielberg ha vuelto a rescatar a Karen Allen después de 19 años.
Sólo cambios estrictamente necesarios para una historia con las mismas paradojas y moralejas de siempre y en la que no podían faltar las persecuciones, los precipicios y las plagas de insectos que sortear, ni las hordas de enemigos a los que combatir.