Si bien resulta materialmente imposible probar que las computadoras
que involucran al presidente Chávez con las FARC provienen
del campamento guerrillero donde murió Raúl Reyes,
la carga de evidencias resulta tan apabullante que cualquier
investigación seria, capaz de tomar un hilo de esa madeja
y seguirlo hasta el principio de la conexión, puede demostrar
cómo operó esa alianza y cuáles eran (o siguen
siendo) sus objetivos.
Para muestra un botón: en 1999 el actual ministro de
Relaciones Interiores y para entonces enlace del Gobierno
con las FARC, Ramón Rodríguez Chacín, propuso
al Presidente, en punto de cuenta rescatado por el ex-director
de la Disip, Jesús Urdaneta, la entrega de petróleo
a las FARC a cambio de no seguir operando en territorio nacional.
Pues bien, en carta enviada por los jefes guerrilleros Iván
Márquez y Rodrigo Granda a Tiro Fijo aparecida en la
computadora, aquellos señalan "..la posibilidad de un
negocio en que nosotros recibimos una cuota de petróleo
para comercializarla en el exterior, lo cual no dejaría
una jugosa utilidad", para más adelante advertir que
Chávez también planteó "la venta de gasolina
en Colombia o Venezuela", así como "la creación
de una empresa rentable para hacer negocios en Venezuela"
con la adjudicación de contratos por parte del Estado.
Nueve años después de la propuesta original de Rodríguez
Chacín se replanteaba la idea y la investigación
que sobre esto se haga debería determinar hasta dónde
se llegó en la concreción de tal iniciativa.
Pero más allá de los hechos concretos, constatables
o no, una visión de conjunto le permite al menos avisado
de los observadores establecer una relación ideológica
y afectiva que no sólo ha sido confirmada por los interesados
("somos igualitos a Chávez: marxistas y bolivarianos",
le confió a este cronista Raúl Reyes en una entrevista),
sino pregonada a los cuatro vientos en declaraciones públicas
como el minuto de silencio solicitado por Chávez luego
de la muerte de Reyes o su propuesta de darle beligerancia
a las FARC.
Sólo que resulta necesario mantener las apariencias
y si por un lado se reclaman como legítimos los vínculos
evidentes en esta alianza, tan natural que ya no sorprende
a nadie, por el otro se niega la forma en cómo se han
desarrollado y los fines que persiguen: la liquidación
de la democracia en Colombia con el establecimiento de un
régimen narcototalitario de presunta adscripción
socialista.
El problema está en que parece haber poco interés
en llegar hasta las últimas consecuencias. Tanto en Colombia
(privan los intereses comerciales), como en Estados Unidos
(privan intereses políticos y está en juego el 15%
de su consumo petrolero). Por eso Chávez se mantiene
retador, confiando en su mejor aliada, tanto adentro como
afuera del país: la impunidad
rgiusti@eluniversal.com