Nunca fueron tan coincidentes los tiempos que marcan los
acontecimientos de nuestros pueblos como en los días
que vivimos. Tiempos de coyuntura, de bifurcación de
caminos y de acentuadas contradicciones entre intereses que
afloran y se muestran.
Hace unas tres semanas el ministro de Defensa del Brasil,
de gira por nuestra patria y otras naciones suramericanas,
trajo el mensaje de la alianza militar del continente suramericano.
Sueño cierto y posible en estos tiempos que nos ha correspondido
vivir.
Apenas unos días después se presentaron los acontecimientos
que ahora nos apañan. Viene la IV flota y por otro lado,
Interpol inicia la presentación de los contenidos de
las supuestas computadoras, que afirma el gobierno del presidente
Uribe, fueron capturadas de territorio ecuatoriano después
de la violación territorial a aquella nación.
Ninguna seriedad pueden tener resultados revelados por una
policía como Interpol en base a supuestas pruebas recogidas
después de la realización de una acción delictiva,
como fue la que protagonizó el gobierno del presidente
Uribe en territorio ecuatoriano.
Todo indica que el grave delito de la América del Sur
es que los pueblos hayan optado por romper con la tradición
de gobiernos que actuaban siguiendo mandatos de la potencia
imperial y colocar presidentes decididamente comprometidos
con el mismo pueblo y al servicio exclusivo de los intereses
de sus propias naciones.
Lo que pareciera mucho más grave para los jefes del
imperio y para sus lacayos en nuestros países es la UNIDAD
latinoamericana. No tenemos duda que la realidad que significa
Unasur es la causa más importante de los desatinos y
la forma de desdibujarse que recientemente hemos visto por
parte de los agentes imperiales.
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