Se estima que más de 700 mil venezolanos sufren del virus en sus formas B y C
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GIULIANA CHIAPPE
EL UNIVERSAL
El virus de la hepatitis hace de las suyas a lo callado.
Puede correr por la sangre y acabar con el hígado sin
producir muchos síntomas. Sólo se detecta cuando
la enfermedad se ha vuelto crónica y su tratamiento es
largo y complicado.
Existe una forma de detectar el virus de la hepatitis antes
que sea demasiado tarde. Es un despistaje sencillo, realizado
con una prueba de sangre. También existe una vacuna,
que en tres dosis protege a niños y adultos y que está
incluida en el plan nacional de vacunación.
Cifras de la Sociedad Venezolana de Gastroenterología,
que difundió su presidente, Miguel Garassini, indican
que existen cerca de 240 mil venezolanos con virus de hepatitis
B y otros 500 mil con tipo C.
Según el especialista, en Venezuela, 23% de los pacientes
que acude a consulta por males del hígado, tienen o han
tenido alguna hepatitis. Se calcula que 38% de las personas
con cirrosis adquirieron la enfermedad después de la
hepatitis crónica.
Saturnino Fernández, médico gastroenterólogo
del Hospital Universitario de Caracas y profesor de la Universidad
de Venezuela, explicó que este virus puede atacar silenciosamente,
y manifestar síntomas sólo cuando ya se ha "cronificado"
y presenta daños irreversibles en el hígado.
Por otra parte, en las ocasiones en que la hepatitis se manifiesta,
sus síntomas son confusos: malestar general y cansancio.
Algunas pocas veces produce fiebre, causa repulsión en
algunas comidas como carne y cigarrillo y dolor en lado derecho.
Según explicó Fernández, el virus de las hepatitis
A y E se transmite, generalmente, por consumir agua contaminada.
También a través de ostras crudas infectadas. El
contagio de la hepatitis B suele ser sexual, en 55% de los
casos. Otras formas frecuentes son la vía endovenosa
por consumo de drogas y, en poquísimos casos, por transfusiones.
Esto se ha controlado por las pruebas intensas a las que se
somete la sangre que se utiliza en transfusiones".
Pero es la hepatitis C la que ha llegado a considerarse como
"un problema de salud pública". Explica Fernández
que afecta a 170 millones de personas en el mundo y que la
infección aguda se cronifica en 85%. Es decir, causa
daños graves en el hígado difíciles de revertir.
Se transmite por transfusiones, en la mayoría de los
casos, aunque también puede contagiarse al realizarse
un piercing o tatuaje "por más que digan que las agujas
están desinfectadas". Otro grupo de alto riesgo son aquellos
que portan los virus del Sida y de hepatitis C al mismo tiempo,
pues son más vulnerables a daños hepáticos.
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