ROBERTO GIUSTI
EL UNIVERSAL
Si a finales del año pasado las fuerzas que se oponen
a Chávez vivían su mejor momento político desde
el año 2003 y esa tendencia se reflejó en el resultado
del 2D, el 2008 se presenta, hasta ahora, mucho más promisorio
proyectado hacia las elecciones del 23N.
¿Quiere decir eso que las regionales representarán
una nueva derrota capaz de sepultar definitivamente el proyecto
chavista de dominación total? No necesariamente. Aún
falta poco más de seis meses para la consulta popular
y en el camino, como lo ha hecho en otras ocasiones, bien
sea por sus aciertos a la hora de rectificar o por los errores
de la oposición, un Chávez, con todos los resortes
del poder en sus manos, puede voltear la tortilla.
Sólo que hasta ahora todo parece indicar que por primera
vez ocurren simultáneamente tres factores que nunca coincidieron
en un mismo momento: Chávez insiste en repetir la estrategia
equivocada de 2007 (no hay rectificación sino ratificación);
pese a algunos síntomas preocupantes la oposición
parece haber aprendido las lecciones de erráticos desempeños
pasados y las perspectivas unitarias deben imponerse; Chávez
viene de una derrota (esto es inédito) y la predisposición
de los votantes medida en diciembre, antes que modificarse
a favor del otrora todopoderoso, tiende a consolidarse en
sostenido crecimiento.
Y esto es así porque a pesar de la complejidad de unas
elecciones, donde están en juego cientos de cargos, con
las marcadas peculiaridades de cada región y municipio,
el carácter personalista de un Chávez que aparece
hasta en los envoltorios de la harina precocida, vuelve a
centrar una justa donde deben dirimirse, sobre todo, las problemáticas
más inmediatas de los ciudadanos, en un plebiscito cuya
figura determinante es el caudillo.
La diferencia es que ahora esa figura, antes que arrastrar
liderazgos alicaídos, los entierra y el portaaviones
de antes se ha convertido en un destructor que hunde a su
propia flota en ejercicio contradictorio que discurre entre
la consumación de un hábito consciente (engullir
hasta sus propios hijos) y la necesidad de no hacerlo porque
en ello se le va la vida.
En otras palabras, las claves de la victoria son ahora las
causas de la derrota y ésta, a su vez, es la consecuencia
de unos resultados electorales cuyos efectos se profundizan
y amplían en el siguiente juego electoral.
El 2D la gente votó contra la antidemocracia, pero no
sólo por razones de principios (vivir en libertad) sino
porque esa antidemocracia no se muestra eficiente a la hora
de resolver los problemas: inseguridad, desigualdad, desempleo,
hambre, miseria, basura, inflación.
Después de diez años una mayoría creciente
ha comprendido, movida por la frustración y el desengaño,
que el clientelismo tiene las alas cortas y que su voracidad
consume, entre el reparto discriminado ( a los rojitos sí,
a los escuálidos no) y las alcabalas de la corrupción,
ingente cantidades de dólares que se pierden porque sólo
alivian transitoriamente los grandes males sociales.
Chávez parece haber comprendido a medias la raíz
del problema y por eso anuncia elecciones primarias para escoger
candidatos a gobernadores y alcaldes. De esa manera pretende
minimizar la impresión, y a una matriz de opinión
(asumida por cierto chavismo como saludable) que es él
y sólo él quien decide, en última instancia,
quien va para el baile y quien se queda con los crespos hechos.
El problema es que la simulación democrática crea
expectativas reales y cuando los votantes del PSUV descubran
que su voluntad fue burlada por esguinces como que su candidato,
al no lograr 50% de los votos (la mayoría no lo obtendrá
por la proliferación de aspiraciones) es nimbado por
el dedo de Chávez, seguramente no acatarán con la
mansedumbre de antes el designio del jefe. Más aun si
llega a colocar a alguien, que complace sus intereses, pero
es incapaz de emocionar a las masas. Aquí se plantearía,
entonces, la dispersión y con ella la derrota.
Ahora bien, si algún precandidato llega a ese 50%, entonces
tendrá perspectivas de triunfo y con ese certificado
de popularidad, podrá enrostrarle a Chávez que "nada
te debo, nada te pago" o peor aún "no me ayude, compadre".
Tales debilidades del chavismo conforman un cuadro favorable
a la oposición, que no se lo ganó en total pasividad.
Al contrario, el desarrollo de una estrategia inclusiva, con
la entrada en liza de actores que reforzaron esa línea
(estudiantes, Podemos, Baduel), logró quebrantar la polarización
y, en el mejor de los casos (el otro fue la abstención
roja), atraer votos chavistas.
En esta oportunidad, la mejor en 10 años, el panorama
luce más complicado porque la tajante alternativa del
Sí o No, se hace muchísimo más compleja, devela
más intereses y ambiciones y así aparece el fantasma
de la dispersión.
Pero si la ineficacia y la indolencia criminal del chavismo
en funciones de gobierno son responsables de cifras macabras
como los más de 13 mil muertos al año en hechos
de violencia y eso ya no se le perdona a Chávez, la sociedad
descontenta, aquella que parece haber recuperado la fe perdida
en el voto, sepultará a la dirigencia si pone la cómica
de la división.
rgiusti@eluniversal.com