Una vez cada doce años hay megaelecciones en la Universidad
Central de Venezuela. Coinciden las elecciones del equipo
rectoral, los Decanos, los Consejos de Facultad y los Consejos
de Escuela.
En buena medida, la campaña electoral de las distintas
planchas estuvo obviamente influida por la política nacional.
En vista de las continuas agresiones del Gobierno contra la
autonomía, era evidente que todas las planchas colocaran
a la autonomía como su principal bandera (salvo, por
supuesto, la identificada con el Gobierno). De allí que
el análisis privilegiado por los medios de comunicación
fue considerar a estas elecciones como un triunfo de la oposición
en virtud de que el único equipo simpático al Gobierno
obtuvo nada más el 15% de los votos.
Esta es una visión completamente equivocada de la universidad
como institución y de la UCV en particular. La UCV fue
fundada hace 283 años; este Gobierno entre ñapas
y reelecciones sólo lleva nueve y es uno de los largos
de nuestra historia. Así que comparar a la UCV con este
Gobierno o cualquier otro es rebajarla y hacerle un servicio
a aquellas fuerzas representadas hoy en día por el chavismo
que quieren convertirla en un apéndice de la política.
La universidad tiene, sin duda, una dimensión política
pero sus tiempos se cuentan por generaciones y siglos y no
en los meses que faltan para las próximas elecciones.
Porque la universidad tiene como principal objetivo la verdad
y la educación es imprescindible que sea libre de todos
los poderes distintos a sí misma, sean políticos,
económicos o ideológicos. (En estos tiempos el Gobierno
es el mayor poder político y económico, por lo que
la lucha por la autonomía es más imprescindible
que nunca).
Precisamente por tener fines intelectuales formativos, la
universidad también tiene que ser un espacio de encuentro
respetuoso y fraterno de todas las corrientes del pensamiento,
aun las más antipática para la policía mental
de la época. En la UCV han convivido marxistas, maoístas,
neoliberales y toda manera de pensar que se le haya ocurrido
a los seres humanos en los últimos diez mil años.
Y la lucha por la autonomía, hoy contra el Gobierno mañana
contra otros, no puede cerrar este espacio para nadie. Por
más daño que la ideología neosocialista haya
pretendido hacer a las universidades venezolanas, ese pensamiento
también es bienvenido en sus aulas y espacios.
glinares@cjlegal.net