Agencias/El Universal
Cannes, Francia.- No han nacido todavía, pero
los mellizos de Angelina Jolie se convirtieron ayer en los
protagonistas absolutos del Festival de Cannes. Los flashes
centrados en captar imágenes de la embarazadísima
actriz, prácticamente han conseguido opacar el panorama
de las interesantes propuestas presentadas ayer a concurso:
Leonera, del argentino Pablo Trapero, y Waltz with
Bashir, el osado documental animado del israelí Ari
Folman.
Angelina asistió, junto a sus compañero sentimental,
Brad Pitt, para estar en el estreno de la cinta de dibujos
animados de DreamWorks, Kung Fu Panda, que protagoniza
junto con Dustin Hoffman y Jack Black.
Y, como era de esperarse, el Festival se estremeció
de placer, optimismo y efervescencia mediática no sólo
ante el estreno de la película sino también ante
la belleza y la expectación que causó Jolie, la
dulce y sabia tigresa y experta discípula de Kung fu
en la cinta, al declarar que espera mellizos y que estos nacerán
en su residencia en Francia.
La segunda jornada de la competición oficial del Festival
de Cannes comenzó con la película del director argentino
Pablo Trapero, Leonera, una sólida, dura y a la
vez tierna historia de una mujer, Julia, que es encarcelada.
Pero, sobre todo, de su relación con el hijo que nace
estando en prisión. La cinta recibió más que
una positiva acogida en Cannes, con críticas elogiosas
para el conjunto, pero en especial para la protagonista, Martina
Gusman.
Trapero explicó en una rueda de prensa que lo que realmente
ha querido contar es una "historia de amor", la de Julia y
su hijo Tomás.
Y para el papel de la joven madre eligió a su esposa
en la vida real, Martina Gusman, que con su segunda interpretación
para la gran pantalla ha seducido al festival de Cannes y
ha sido incluso comparada con la italiana Ana Magnani.
En la jornada de ayer se habló también y mucho
del documental animado Waltz with Bashir, sobre el
papel de Israel en la matanza de palestinos en Sabra y Chatila
(Líbano), dirigido por Ari Folman y basado en sus propios
recuerdos.
Un prodigio de técnica y de originalidad, al mezclar
dos formatos tan aparentemente opuestos como el del documental
y el del cine animado, la película fue defendida por
su director frente a las dudas expresadas en cuanto a su contenido
político.
La cinta cuenta, con testimonios en su mayoría reales,
los remordimientos de esos soldados israelíes sobre lo
que describe como un papel pasivo en la matanza perpetrada
en los campos de refugiados de Sabra y Chatila, donde más
de un millar de civiles, en su mayoría mujeres y niños,
murieron a manos de falangistas cristianos.