Danilo Arbilla // Y los periodistas también
Finalmente los tribunales ingleses concluyeron que los culpables
de la muerte de Lady Di y su novio Dodi, fueron el chofer
del Mercedes Benz que conducía borracho y a altísima
velocidad por las calles de París y los "paparazzi" también.
De esta manera se desechó la sospecha de una conspiración
y se rechazó la acusación del padre de Dodi,
el empresario Mohamed Al Fayed, de que en definitiva Diana
y su hijo murieron por orden del duque de Edimburgo
-Felipe-, esposo y consorte de la reina Isabel II y que la
acción fue ejecutada por los servicios secretos británicos,
y que además la princesa estaba embarazada, lo cual fue
ocultado.
Los jueces y el jurado podrían haberse limitado a los
hechos, tan comunes, de que todo ocurrió porque el conductor
iba ebrio, a gran velocidad, por una zona de difícil
circulación para transitar en esas condiciones y porque
los pasajeros no llevaban puestos los cinturones de
seguridad. Sin embargo fueron más allá: también
acusaron de negligencia a los fotógrafos, a los "paparazzi".
Del duque y los servicios, nada.
Se afiliaron, por un lado, a aquella tesis de que el verdadero
culpable y responsable del adulterio es el carpintero que
construyó la cama sobre la cual fue consumado el acto.
Los responsables fueron los "paparazzi" que le querían
sacar fotos a Diana. Y en esa línea ¿por qué
no Diana y Dodi, por no decirle al chofer que no fuera tan
rápido o por huir de los fotógrafos o definitivamente
por estar de novios y ser protagonistas de una gran
historia?; ¿por qué no Carlos de Inglaterra,
por haberse casado con una chica tan joven, haberla hecho
famosa y abandonarla por otra señora mayor? y
¿por qué no la propia Lady Di por haber aceptado
a Carlos como esposo y después buscar y aceptar la promoción
de su imagen urbi et orbi a través de los periodistas,
fotógrafos y " paparazzi" y los medios de comunicación,
motivo por el cual la conocíamos y la queríamos
todos?
Hay personas que son públicas, porque efectivamente
lo son, y otras porque voluntariamente buscan notoriedad.
Diana de Gales lo era por ambas razones. Es innegable que
era amiga de la prensa, de los periodistas, de los fotógrafos,
que se prestaba a ser objeto de sus flashes y centro
de sus historias. Le gustaba. Ahora, no se puede pretender
ser sólo buena noticia: las hay lindas y otras no tanto
y quien se expone y acepta unas debe admitir, aunque no le
gusten, las otras.
Pero además Diana Spencer era una persona pública
propiamente dicho. Fue la esposa de primer heredero a la Corona
Británica y es la madre de quien sigue a este en la línea.
Eso implicaba y requería, entre muchas otras cosas, el
uso de dineros que ponía el Estado inglés,
el que aportaban los contribuyentes británicos. Por esa
razón, como cualquier funcionario público, estaba
obligada a dar cuentas de sus acciones y sometida
al escrutinio público. Cuestiones de transparencia, que
le dicen.
Tal es así que pocas horas antes del fatal accidente
del 31 de agosto de 1997, desde Buckinham Palace, se
advirtió que Diana debía aclarar los
alcances de su relación con Dodi Fayed, señalando
que por su condición de princesa de Gales era su
obligación hacerlo ante los súbditos
británicos.
De eso precisamente es lo que se ocupa la prensa: de hacerle
saber a los ciudadanos, súbditos y contribuyente,
lo que hacen las personas públicas que administran
sus bienes y que los representan. Eso es lo que hacían,
en esencia, los "paparazzi", aunque a veces no nos guste algún
tipo de tarea que cumplen o cómo la cumplen. Ellos
iban tras ella, como siempre había sido, en busca de
la noticia. Si iban rápido es sus vehículos, fue
porque Diana y Dodi le habrían pedido a Henri Paul, el
conductor borracho, que "perdiera" a los fotógrafos o
porque no le reclamaron que no fuera tan rápido.
Pero en Londres prefirieron también, por el otro lado,
recurrir a la teoría de cargarle la culpa a la prensa.
Es lo que siempre se hace, sobre todo cuando no pueden explicarse
cosas malhechas, cuando no se quiere asumir errores y responsabilidades
propias o cuando se pretende ocultar algo, que no quieren
que la gente sepa.
srivero@busqueda.com.uy
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