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| Entrevista Bertha Moncayo, actriz
Una vida en la piel de otros

"El teatro es vida, se levanta el telón y es usted con unos amigos, yo siempre pienso que estoy entre amigos"

En el cortometraje rodado en 2005, Moncayo comparte créditos con los jóvenes José Luis Useche, Antonio Delli, Mariaca Semprún oswer díaz
  DIARIO
martes 13 de mayo de 2008  12:00 AM

ÁNGEL RICARDO GÓMEZ

EL UNIVERSAL

Su memoria la traiciona. No recuerda a Laura Muñoz, la joven que la dirigió en el cortometraje Adán y Eva. Pero al verla vuelven a su mente las imágenes de su más reciente trabajo actoral. Se refuerza el recuerdo cuando ve de nuevo el corto en la laptop de la cineasta. Al terminar, está llorando de la emoción.

La entrevista es en su apartamento junto a Pedro, su hijo adoptivo, y unos animales que ha recogido de la calle. En el techo de la terraza se escucha la lluvia caer.

Bertha Moncayo interpreta a una viuda, que ha sido madre, abuela, pero que se ha olvidado de sentir como mujer. A través de una especial manzana prohibida, conoce a Adán (Francisco Ginot), un anciano a quien se le ha pasado la vida dedicado a su trabajo. Ambos redescubren el amor.

Y es que el corazón de Bertha Moncayo es tan grande como su talento. Amó a su esposo, el dramaturgo venezolano Luis Peraza (1908-1973), recogió hace más de 40 años a un niño abandonado (Pedro) para luego adoptarlo como su hijo, fue fundadora de la Asociación Protectora de Animales... Pero el espacio más grande de su pecho es para el teatro, oficio al que le ha dedicado 70 años.

Aunque nació en Ecuador en 1924, se siente venezolana. "¡Este es mi país!", dice con orgullo. Llegó a Venezuela a mediados de los años 30 junto a su madre, la también actriz María Luisa Moncayo, quien venía con la compañía de la italiana Lea Candini.

"Mi madre me dijo, 'vamos a quedarnos', yo le dije que estaba loca, que yo tenía que terminar de estudiar. 'Es que me encanta esto, me encantan los venezolanos', me respondió", relata la actriz, quien tendría aproximadamente 12 años.

Moncayo comenzó con la compañía de Antonio Saavedra como ayudante de escena y actriz infantil y en octubre de 1938 pasa a formar parte de la naciente Compañía Venezolana de Drama, creada por escritores como Leopoldo Ayala Michelena, Leoncio Martínez y Luis Peraza, con quien se casaría después.

"Me gustaba que él era muy estricto, disciplinado y amante del teatro", dice en torno a su desaparecido esposo con quien todavía, según confiesa, mantiene comunicación.

Al dejar las muñecas de Leopoldo Ayala Michelena y El hombre que se fue de Luis Peraza, fueron dos de sus primeros montajes en el teatro, pero también actuó en cine dirigida por Roman Chalbaud (Cangrejo, La Oveja negra) y en grandes producciones de televisión como la telenovela Ifigenia.

Moncayo critica que ya no se escriben obras para actores de su edad, coincide con Laura Muñoz en que las personas mayores tienden a ser olvidadas por la sociedad venezolana, pero afirma que hay que seguir trabajando. "Aquí es muy difícil hacer cosas, yo veo que los jóvenes están interesados en lucirse, en el dinero, en quién sale primero en los créditos... En el teatro no hay primero ni segundo, el arte es el arte. El teatro no es para ganar dinero", comenta quien tuvo que trabajar en su juventud como secretaria para su manutención diaria.

"El teatro es vida, se levanta el telón y es usted con unos amigos, yo siempre pienso que estoy entre amigos", asegura quien dice tener cualquier personaje en su interior.

agomez@eluniversal.com

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