De manera cíclica, a nivel mundial, se platea el problema
de la escasez de alimentos. A lo largo de la historia el tema
ha suscitado intensas discusiones por parte de los expertos.
Ahora la cuestión tiene otro matiz inducido por la escasez
de energía. Al parecer la fiebre de los biocombustibles
como el llamado combustible del futuro: el etanol, ha estimulado
el abandono de algunos cultivos de productos de consumo masivo
para sustituirlos por la siembra granos y la caña de
azúcar.
Los maltusianos habían fracasado contundentemente en
sus estimaciones pesimistas. Los escritos del economista Thomas
Robert Malthus (1766-1834) sistematizaron los primeros
estudios demográficos. Sus contenidos influyeron determinantemente
en otros economistas de la época; particularmente en
el también británico David Ricardo (1772-1823) quien
publicó la Ley de Hierro de los Salarios. Ricardo sostenía
que el crecimiento de la población no era sustentable
porque provocaría la insuficiencia de suelos fructíferos.
Su teoría sobre la renta se basaba casi con exclusividad
en la productividad de la tierra. Hoy, la tecnología
ha pulverizado ambas estimaciones y el problema se circunscribe
a concebir un justo y eficaz dispositivo de distribución;
no a la exaltación de dádivas o reparto de limosnas.
Malthus y Ricardo, luego de dos siglos, llegan a Venezuela
pero no por el avance de sus teorías ni por agotamientos
de los suelos sino por una política agrícola punitiva
para liquidar cualquier vestigio de éxito de los sistemas
agrarios productivos. Para el Presidente la limosna es la
guía de su acción de gobierno. Los dólares
petroleros se lo han permitido y con ello hace alarde de su
política de destrucción. Los campos fértiles
se han transformado en desiertos arrasados por el sabotaje.
Chávez juega con la miseria como lo hacen los apostadores
en los casinos cuando dilapidan el dinero obtenido por el
azar. Mientras nuestras fincas fértiles dejan de producir,
la mayoría de los países latinoamericanos aprovecha
al máximo el uso de sus tierras productivas para competir
en el mercado mundial. Colombia, Brasil, Perú, Costa
Rica, Honduras, Ecuador, son algunos de ellos.
Hasta hace dos décadas el 70% de la población mundial,
con expectativas de vida limitadas, era de elevado crecimiento
poblacional. Por contraste, el 30% restante, de bajo crecimiento
poblacional, tenía expectativas de vida elevadas y de
fecundidad y mortalidad reducidas. Hoy, esa proporción
se ha modificado y el consumo llega a un mayor número
de personas.
No podrá lograrse una ecuanimidad del desarrollo efectivo
en nuestro país mientras los más pobres no sientan
el estímulo del cambio para contrastar su condición
con la de los demás. Chávez trata de evitar el contraste
a cualquier costo para que no se afecte su proyecto político;
por ello resalta constantemente la figura de Fidel. Hasta
hace poco se hablaba de insuficiencia de técnicos medios
y profesionales para atender los requerimientos del desarrollo.
Hoy la tesis carece de solidez. Los parámetros que al
respecto maneja la revolución carecen de utilidad para
valorar el progreso individual y colectivo porque no están
enclavados en un contexto de progresión integral.
Miles de profesionales superiores y medios, formados a un
alto costo para el Estado, están compitiendo en actividades
hasta ahora reservadas a la mano de obra no calificada. Mientras
nos arrellanamos prisioneros de los valores atrasados que
"el líder" pretende imponer, sin voltear la mirada hacia
el progreso, y negar la posibilidad de investigar previamente
la factibilidad de trasplantar al país modelos de crecimiento
comprobados, la agricultura del país se hunde en la corrupción
y la impostura.
Sólo podrá hablarse de desarrollo efectivo si los
componentes del grupo, región o país, se convencen
de la necesidad de aceptar los cambios indispensables y contrastarlos
con la condición de los demás. Es aberrante crear
leyes de industrialización con un sólo significado
político y pretender exportarlas a sus aliados, de paso,
más atrasados como Cuba, Bolivia y Nicaragua. Cargar
todas las culpas sobre el imperialismo equivale a ocultar
el fracaso y engañar nuestra propia conciencia.
miguelbm@telcel.net.ve