Beirut.- El poderoso movimiento chiita libanés
Hezbolá que controlaba el viernes barrios enteros
de sus rivales sunitas en el oeste de Beirut, tras 48
horas de enfrentamientos armados que dejaron 15 muertos, fue
acusado por la mayoría antisiria de propiciar un "golpe
de Estado".
La mayoría antisiria acusó al Hezbolá de haber
apuntado las armas contra el pueblo libanés para
propiciar un "golpe de Etado", mientras la situación
sigue siendo muy tensa en Líbano, pese a la calma
reinante en Beirut, informó AFP.
"No estamos llevando a cabo un golpe de Estado", declaró
un responsable de la oposición que pidió el
anonimato. "Todo esto está vinculado a decisiones del gobierno"
de investigar la red de telecomunicaciones (paralela) que
el Hezbolá instaló en todo el país y la
destitución del jefe de seguridad del aeropuerto presentado
como cercano al movimiento chiita.
"Estamos proponiendo una asociación (...) y ellos quieren
monopolizar el poder y limitar nuestra participación"
en la toma de decisiones, añadió.
Hezbolá es la única formación libanesa que
no fue desarmada tras el fin de la guerra civil (1975-1990).
El movimiento de oposición que lidera tomó el viernes
el control de barrios de mayoría sunita en el oeste de
Beirut.
La violencia estalló el miércoles entre militantes
de la oposición -Hezbolá y Amal- y partidarios
del gobierno libanés antisirio en el sector oeste de Beirut,
pero se intensificaron el jueves tras un encendido discurso
del jefe del Hezbolá, Hassan Nasralá, que calificó
varias decisiones del gobierno de "declaración
de guerra" contra el movimiento chiita.
Dos seguidores de la oposición murieron el viernes en
enfrentamientos en Jalde, al sur de Beirut, informó
a la AFP una fuente de los servicios de seguridad.
Dos mujeres civiles también murieron en la ciudad de
Saida (sur) y en la localidad de Bar Elias, con lo que
el número de víctimas en el conflicto asciende
a 15.
Los combates cesaron el viernes por la tarde. "Ya no hay
combates pues nadie enfrenta a los combatientes de la
oposición" liderada por Hezbolá, apoyado por
Siria e Irán, declaró un responsable de seguridad
libanés que pidió el anonimato.