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Caracas, domingo 04 de mayo, 2008  
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Eugenio Martínez // Imponer Linux no es libertad

En algunas latitudes se entiende la confrontación entre Linux y Windows  como la guerra entre el bien y el mal, como la única forma de enfrentar al imperio. No en vano la mayoría de las instituciones del Estado venezolano han comenzado a migrar a Linux; incluso en la Gobernación del Estado Miranda se hace la instalación del sistema operativo que garantiza "la libertad" de los usuarios a cualquier persona interesada en no continuar dependiendo del imperio. ¿Es Linux la panacea del usuario y de los gobiernos antiimperialistas?
Comencemos por decir que la batalla ideológica que muchos venezolanos creen que pueden librar instalando Linux en sus equipos puede convertirse sólo en fantasía. Esta es una guerra -por otorgarle un calificativo- que se desvirtuó para transformarse en una confrontación  empresarial.  El mejor ejemplo de este cambio fue la histórica decisión de IBM de desarrollar bases de datos, aplicaciones para el servidor Apache y versiones de Lotus Note y Domino para Linux. Una decisión que implica mucho más que sólo un enfrentamiento ideológico.

Esta confrontación empresarial no es nueva, comenzó a mediados de la década de los años noventa cuando se inició el auge de Microsoft como corporación y paralelamente Linux irrumpió como alternativa para todos aquellos que se negaban a permitir que Bill Gates pensara por ellos y decidiera cuáles eran las soluciones computacionales que más les convenían.

La diatriba Linux-Microsoft se puede reducir a una palabra: dinero. ¿Por qué pagar por usar los programas de Windows si puede obtener Linux gratis? Básicamente Linux (creado por Linus Torvalds quien supervisa todos los cambios sugeridos a la plataforma por los usuarios) enfoca su funcionamiento en la lealtad de las personas y las relaciones entre éstas para garantizar que el software sea gratuito y las personas sean libres de modificarlo o personalizarlo de acuerdo con sus gustos. En conclusión Linux es creado por el pueblo, para el pueblo.

Desafortunadamente a las personas que se les impone Linux no se sienten libres. En las últimas semanas he tenido que lidiar con las quejas de mis amigos que trabajan en las dependencias públicas, ministerios y demás organismos del Estado venezolano porque no pueden desarrollar  con Linux lo que tradicionalmente hacían con Windows. Además de la ausencia de programas está la restricción para que los nuevos usuarios "modifiquen" los programas instalados, o instalen nuevas versiones o aplicaciones. ¿Esta decisión no va en contra del principio de Linux de permitir que los usuarios sean libres de personalizar los programas que usan?

La buena noticia para mis amigos que están descubriendo Linux es que existen -salvo en el caso de los videojuegos- alternativas en el mundo de tux para cada programa comercial. Para emplear Microsoft Outlook existe el programa Evolution, el software Elisa Media Center es el sustituto de Win Media Center, el ClamAV sustituye a cualquier antivirus del mercado, el paquete Office (Word, Excel, PowerPoint) tiene su alternativa en OpenOffice.org y el Pidgin es la alternativa para emplear, al mismo tiempo, el MSN Messenger, AOL y Yahoo Messenger. El problema entonces es lograr que aquellos que le impusieron Linux los dejen ser libres.

Ahora que el Estado está por culminar la migración a Linux sería buena idea discutir si el venezolano comprende el concepto de software libre. En un país inundado por la piratería, en donde sólo algunas empresas y usuarios particulares pagan por usar los programas, la diatriba de cancelar o no por usar un software seguramente no le quita el sueño a los usuarios de computadoras, porque siempre existirá la opción de pagar BsF. 5 por un programa que en el resto del mundo cuesta más de 300 dólares.  Venezuela -gracias a los escasos controles sobre la venta ilegal de programas- vive desde hace años en el mundo del software "casi" libre.

Los que gustan imponer Linux para tratar de ganar la batalla ideológica en contra del imperio deben entender que esta es una decisión muy personal y estar conscientes de que todo lo que se masifica acaba por perder su esencia original. ¿Será Linux la multinacional que deberemos combatir en algunos años?

emartinez@movistar.ve.blackberry.com



 
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