Eugenio Martínez // Imponer Linux no es libertad
En algunas latitudes se entiende la confrontación entre
Linux y Windows como la guerra entre el bien y el mal,
como la única forma de enfrentar al imperio. No en vano
la mayoría de las instituciones del Estado venezolano
han comenzado a migrar a Linux; incluso en la Gobernación
del Estado Miranda se hace la instalación del sistema
operativo que garantiza "la libertad" de los usuarios a cualquier
persona interesada en no continuar dependiendo del imperio.
¿Es Linux la panacea del usuario y de los gobiernos antiimperialistas?
Comencemos por decir que la batalla ideológica que muchos
venezolanos creen que pueden librar instalando Linux en sus
equipos puede convertirse sólo en fantasía. Esta
es una guerra -por otorgarle un calificativo- que se desvirtuó
para transformarse en una confrontación empresarial.
El mejor ejemplo de este cambio fue la histórica decisión
de IBM de desarrollar bases de datos, aplicaciones para el
servidor Apache y versiones de Lotus Note y Domino para Linux.
Una decisión que implica mucho más que sólo
un enfrentamiento ideológico.
Esta confrontación empresarial no es nueva, comenzó
a mediados de la década de los años noventa cuando
se inició el auge de Microsoft como corporación
y paralelamente Linux irrumpió como alternativa para
todos aquellos que se negaban a permitir que Bill Gates pensara
por ellos y decidiera cuáles eran las soluciones computacionales
que más les convenían.
La diatriba Linux-Microsoft se puede reducir a una palabra:
dinero. ¿Por qué pagar por usar los programas de
Windows si puede obtener Linux gratis? Básicamente Linux
(creado por Linus Torvalds quien supervisa todos los cambios
sugeridos a la plataforma por los usuarios) enfoca su funcionamiento
en la lealtad de las personas y las relaciones entre éstas
para garantizar que el software sea gratuito y las personas
sean libres de modificarlo o personalizarlo de acuerdo con
sus gustos. En conclusión Linux es creado por el pueblo,
para el pueblo.
Desafortunadamente a las personas que se les impone Linux
no se sienten libres. En las últimas semanas he tenido
que lidiar con las quejas de mis amigos que trabajan en las
dependencias públicas, ministerios y demás organismos
del Estado venezolano porque no pueden desarrollar con
Linux lo que tradicionalmente hacían con Windows. Además
de la ausencia de programas está la restricción
para que los nuevos usuarios "modifiquen" los programas instalados,
o instalen nuevas versiones o aplicaciones. ¿Esta decisión
no va en contra del principio de Linux de permitir que los
usuarios sean libres de personalizar los programas que usan?
La buena noticia para mis amigos que están descubriendo
Linux es que existen -salvo en el caso de los videojuegos-
alternativas en el mundo de tux para cada programa comercial.
Para emplear Microsoft Outlook existe el programa Evolution,
el software Elisa Media Center es el sustituto de Win Media
Center, el ClamAV sustituye a cualquier antivirus del mercado,
el paquete Office (Word, Excel, PowerPoint) tiene su alternativa
en OpenOffice.org y el Pidgin es la alternativa para emplear,
al mismo tiempo, el MSN Messenger, AOL y Yahoo Messenger.
El problema entonces es lograr que aquellos que le impusieron
Linux los dejen ser libres.
Ahora que el Estado está por culminar la migración
a Linux sería buena idea discutir si el venezolano comprende
el concepto de software libre. En un país inundado por
la piratería, en donde sólo algunas empresas y usuarios
particulares pagan por usar los programas, la diatriba de
cancelar o no por usar un software seguramente no le quita
el sueño a los usuarios de computadoras, porque siempre
existirá la opción de pagar BsF. 5 por un programa
que en el resto del mundo cuesta más de 300 dólares.
Venezuela -gracias a los escasos controles sobre la venta
ilegal de programas- vive desde hace años en el mundo
del software "casi" libre.
Los que gustan imponer Linux para tratar de ganar la batalla
ideológica en contra del imperio deben entender que esta
es una decisión muy personal y estar conscientes de que
todo lo que se masifica acaba por perder su esencia original.
¿Será Linux la multinacional que deberemos combatir
en algunos años?
emartinez@movistar.ve.blackberry.com
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