Mucho más que contra Carlos Andrés Pérez,
el golpe de Estado que Hugo Chávez intentó el 4
de febrero de 1992 fue contra la Constitución de 1961,
dilecta hija del mayor consenso democrático que Venezuela
había visto suceder en su suelo desde que en 1936 comenzamos
a enrumbarnos hacia un destino superior.
Gracias a la savia democrática que se enraizó durante
todos esos años en los genes de la inmensa mayoría
nacional, es que los ciudadanos de este país no le han
permitido a aquel golpista del 92, hoy Jefe de Estado, instaurar
en su Venezuela revolucionaria y bolivariana la dictadura
militar que tanto anhela.
Aquel golpista del 92 inventó una historia para convertir
en glorias sus chapucerías militares del 4F. Divide a
los protagonistas de esa trama en buenos y malos, tal cual
guionista de las películas del oeste americano que produce
la industria cinematográfica del imperio que dice detestar.
Los buenos, "Yo". Los malos, "ellos", que fueron primero
escuálidos y ahora golpistas, la palabra preferida de
su léxico delirante. Chávez ve golpistas por todas
partes, sueña con golpistas, se desvela pensando cuál
de sus feligreses de hoy será otro golpista más,
a pesar de que ese mismo día, viéndole a los ojos,
encendido por el fuego de la adulancia, haya desgarrado su
garganta para gritar frente a él, "Patria, socialismo
o muerte".
No es golpista quien no puede comprar leche porque no tiene
con qué, o porque, debido a esta política económica,
ese producto, y muchos más, haya desaparecido del mercado,
pero sí lo es quien denuncia el hecho a través de
los medios, que son, claro está, golpistas.
No es golpista el ciudadano en jaque por la delincuencia
desatada, dueña de los espacios públicos y que minuto
a minuto se hace más dueña de lo ajeno, pero sí
lo es quien informa esos casos a uno cualquiera de los medios
golpistas que distorsiona la historia y crea terror entre
la población.
El 2 de diciembre de 2007 el pueblo habló para decir
muy claro que ninguna de las reformas a la Constitución
de 1999 que propusieron Chávez y la Asamblea Nacional
puede realizarse en este período presidencial.
Desde ese 2 de diciembre Venezuela tiene dos Constituciones:
la del 99, que establece lo que sí se puede hacer (una
Constitución positiva, por así llamarla), y otra,
que nació del referéndum, indica lo que constitucionalmente
no se puede hacer en este período presidencial. Esa es
la Constitución negativa.
Sólo el Soberano está por encima de la Constitución.
Quien intente hacer lo que el Soberano no desea que se haga,
se convierte de hecho en un golpista real, no los que define
Chávez, quien no está por encima de la Constitución,
ni mucho menos de la voluntad del Soberano.
En 1992, Chávez dio un golpe de Estado a la Constitución
de 1961. Ahora se lo está dando, en rebanadas, a la Constitución
de 1999. ¿Finalmente, quién es qué cosa en
esta historia?
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