Todos los partidos democráticos modernos se nutren del
liberalismo, aunque muchos no lo admitan. Lo cierto es que
sin el principio de la libertad individual y los derechos
consustanciales a ella, la democracia jamás habría
podido justificarse como el sistema legítimo y menos
imperfecto de gobierno. Pocos partidos, aún así,
asumen en su denominación el término liberal.
El mercado, otro aporte conceptual del liberalismo, también
es criticable como institución, aunque parodiando a Churchill
puede afirmarse que cualquier otro sistema es más imperfecto
en su labor esencial de asignar y distribuir recursos.
El socialismo marxista nació como una reacción
en contra del liberalismo, tanto en su dimensión política
(democracia) como en la económica (propiedad privada
y libre mercado). Con fundamentos teóricos débiles,
se propuso de todas formas la sustitución de la democracia
por la dictadura, de la propiedad privada por la del Estado
y del mercado por la planificación burocrática.
La historia se ocupó de llevar estos planteamientos
al fracaso en sus versiones históricas reales. Ya casi
nadie ataca abiertamente a la democracia, y casi nadie propone
con seriedad reemplazar al mercado por las virtudes angelicales
y omniscientes del funcionariado gubernamental.
Por el contrario, el liberalismo, a través de sus dos
"creaciones" fundamentales, democracia y mercado, se ha extendido
a buena parte del mundo como paradigma de organización,
aunque con mayor aceptación general en lo político
que en lo económico. Hasta los más monopolistas
tiranos se proclaman a sí mismos como demócratas,
incluso como los "únicos" verdaderos. Entre los demócratas,
no obstante, hay quienes sostienen que el racionamiento a
través del precio es la forma más odiosa de distribuir
recursos, que es una manera sibilina de proponer algo distinto
al mercado.
En Venezuela, los eventos ocurren como si nada de estos desarrollos
históricos hubiese ocurrido. El empuje fundamental del
régimen está dirigido a materializar las propuestas
socialistas del siglo XIX, incluyendo reemplazo de la democracia,
de la propiedad y del mercado. Es darle vuelta atrás
al reloj, como en la hora oficial, a las instituciones básicas
y hasta en la forma de vida.
El Gobierno da así demostraciones de querer ser dueño
tanto del país como del tiempo. Una imagen de lo que
esto significa se encuentra en la Cuba socialista, donde la
gente ha vivido como en suspensión animada durante casi
5 décadas. A pesar de las evidencias, en lugar de democracia
y mercado, que han estimulado desarrollo y evolución
a nivel planetario, el régimen se plantea como paradigma
el paraíso de la isla.
No es casual que mientras el Gobierno más se empeña
en disminuir el funcionamiento de la democracia y del mercado,
y arrinconar en forma arbitraria los atributos del derecho
de propiedad, más se complican los asuntos económicos.
Hoy en el país hay menos mercado y menos democracia,
y "pari passu" la inflación ha aumentado junto
con la corrupción, la inversión ha disminuido al
igual que el trabajo productivo, y para colmo ahora comienza
un declive indetenible en el ingreso real y en la producción,
a pesar de contar el Gobierno con una "oferta ilimitada de
divisas". Bajo la óptica del régimen, "su" socialismo
está adelante y primero que el país.
dfontiveros@cantv.net