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Fernando Ochoa Antich // Pobre Evo

En definitiva, la inconveniente dependencia de Evo Morales de la política continental de Hugo Chávez va a comprometer la estabilidad de su gobierno y el destino de Bolivia. Llegué a pensar, durante la crisis colombo-ecuatoriana, que un mínimo sentido de supervivencia le había hecho comprender las grandes diferencias existentes entre la situación política venezolana y las muy críticas circunstancias que rodean a su gobierno. En la reunión del Grupo de Río, y en general durante toda la crisis, guardó una marcada prudencia, distanciándose con inteligencia de la posición radical que absurdamente tomó inicialmente Hugo Chávez para después tener que rectificar al darse cuenta de que los vientos soplaban a favor de la paz y la concordia.  Al mismo tiempo, inició conversaciones con la oposición para suavizar las tensiones que la discusión del proyecto de Constitución había producido.

 Sin que nadie pueda entender las razones de tal desafío, Hugo Chávez convocó esta semana que termina a una reunión de la Alternativa Bolivariana para los pueblos de nuestra América (ALBA) en Caracas. El tema central fue Bolivia. Evo Morales, sin medir las consecuencias internas se presentó a la reunión que, como era de esperarse, fue un estruendoso fracaso. Una reunión cumbre que sólo logra reunir a dos presidentes y a un vicepresidente no sólo deja de tener significación, sino que demuestra la muy grave debilidad internacional que viene presentando la política exterior venezolana. Esta verdad, se hace aún más palpable cuando el vicepresidente que asiste es  Carlos Lage en representación del gobierno cubano. No es fácil de explicar las razones que tuvo Raúl Castro para no  asistir a una convocatoria de tanta importancia para el prestigio de la Revolución Bolivariana.

El colmo de los colmos fue el discurso de Hugo Chávez. Sin medir las consecuencias intervino en la política interna de Bolivia de una manera descarada. Mantener que el enfrentamiento existente en Bolivia es consecuencia de las actividades subversivas de  Estados Unidos y de la derecha fascista boliviana es desconocer la historia y la realidad de ese país. Evo Morales se equivoca totalmente al querer imponer a la militante oposición que tiene su gobierno una constitución sin previamente establecer un diálogo constructivo con esas poderosas fuerzas sociales. Negar la capacidad y el derecho que tiene una región de la importancia política y económica de Santa Cruz  a realizar un referendo para establecer un estatus autonómico es desconocer realidades que se imponen por sí mismo. Lo increíble es la amenaza de Hugo Chávez. Mantener que la aprobación de ese referendo provocará una crisis en el suministro de gas al Brasil es olvidar la imprudente actitud de Evo Morales con Petróleos Brasileros (Petrobras).

La situación boliviana es de tal gravedad que a mi criterio  no tiene una fácil solución. Evo Morales debe rectificar profundamente si quiere evitar un naufragio de su gobierno. No le queda otro camino que distanciarse de las filípicas intrascendentes de Hugo Chávez en contra de Estados Unidos y de su utópico pensamiento político. Los poderosos sectores económicos de Santa Cruz no aceptarán jamás la imposición de una constitución nacional que se inspire en el mal llamado socialismo del siglo XXI. No darse cuenta de la debilidad internacional de la Revolución Bolivariana y de la inexistencia del ALBA es sencillamente un suicidio político. Si en verdad desea una solución debe empezar por entender las realidades que vive el Sur de la América Latina y acercarse al Brasil para que el presidente Lula Da Silva lo ayude en las complejas negociaciones que debe iniciar a la brevedad con la oposición boliviana y con los sectores económicos de Santa Cruz.

Este nuevo fracaso de la política internacional de Hugo Chávez debe ser interpretado inteligentemente por Estados Unidos. El Departamento de Estado debe entender que los pueblos de la América Latina no ven con agrado sus permanentes e inaceptables intervenciones en nuestra política interna. Cada uno de nuestros pueblos tiene que encontrar su propia solución a los problemas. Los triunfos electorales de candidatos inspirados en un pensamiento de izquierda moderada no tienen nada que ver con el radicalismo de Hugo Chávez. Respaldarlos para que puedan lograr modificar la injusta situación social existente en nuestro continente sería regresar a la política de Buena Voluntad de Franklin Delano Roosevelt. Hacerlo abriría importantes perspectivas en las relaciones con Estados Unidos y permitiría iniciar un nuevo período en nuestra historia. Esta lección también debe ser aprendida por los sectores democráticos de la América Latina.

ferochoa@cantv.net



 
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