En definitiva, la inconveniente dependencia de Evo Morales
de la política continental de Hugo Chávez va a comprometer
la estabilidad de su gobierno y el destino de Bolivia. Llegué
a pensar, durante la crisis colombo-ecuatoriana, que un mínimo
sentido de supervivencia le había hecho comprender las
grandes diferencias existentes entre la situación política
venezolana y las muy críticas circunstancias que rodean
a su gobierno. En la reunión del Grupo de Río, y
en general durante toda la crisis, guardó una marcada
prudencia, distanciándose con inteligencia de la posición
radical que absurdamente tomó inicialmente Hugo Chávez
para después tener que rectificar al darse cuenta de
que los vientos soplaban a favor de la paz y la concordia.
Al mismo tiempo, inició conversaciones con la oposición
para suavizar las tensiones que la discusión del proyecto
de Constitución había producido.
Sin que nadie pueda entender las razones de tal desafío,
Hugo Chávez convocó esta semana que termina a una
reunión de la Alternativa Bolivariana para los pueblos
de nuestra América (ALBA) en Caracas. El tema central
fue Bolivia. Evo Morales, sin medir las consecuencias internas
se presentó a la reunión que, como era de esperarse,
fue un estruendoso fracaso. Una reunión cumbre que sólo
logra reunir a dos presidentes y a un vicepresidente no sólo
deja de tener significación, sino que demuestra la muy
grave debilidad internacional que viene presentando la política
exterior venezolana. Esta verdad, se hace aún más
palpable cuando el vicepresidente que asiste es Carlos
Lage en representación del gobierno cubano. No es fácil
de explicar las razones que tuvo Raúl Castro para no
asistir a una convocatoria de tanta importancia para el prestigio
de la Revolución Bolivariana.
El colmo de los colmos fue el discurso de Hugo Chávez.
Sin medir las consecuencias intervino en la política
interna de Bolivia de una manera descarada. Mantener que el
enfrentamiento existente en Bolivia es consecuencia de las
actividades subversivas de Estados Unidos y de la derecha
fascista boliviana es desconocer la historia y la realidad
de ese país. Evo Morales se equivoca totalmente al querer
imponer a la militante oposición que tiene su gobierno
una constitución sin previamente establecer un diálogo
constructivo con esas poderosas fuerzas sociales. Negar la
capacidad y el derecho que tiene una región de la importancia
política y económica de Santa Cruz a realizar
un referendo para establecer un estatus autonómico es
desconocer realidades que se imponen por sí mismo. Lo
increíble es la amenaza de Hugo Chávez. Mantener
que la aprobación de ese referendo provocará una
crisis en el suministro de gas al Brasil es olvidar la imprudente
actitud de Evo Morales con Petróleos Brasileros (Petrobras).
La situación boliviana es de tal gravedad que a mi criterio
no tiene una fácil solución. Evo Morales debe rectificar
profundamente si quiere evitar un naufragio de su gobierno.
No le queda otro camino que distanciarse de las filípicas
intrascendentes de Hugo Chávez en contra de Estados Unidos
y de su utópico pensamiento político. Los poderosos
sectores económicos de Santa Cruz no aceptarán jamás
la imposición de una constitución nacional que se
inspire en el mal llamado socialismo del siglo XXI. No darse
cuenta de la debilidad internacional de la Revolución
Bolivariana y de la inexistencia del ALBA es sencillamente
un suicidio político. Si en verdad desea una solución
debe empezar por entender las realidades que vive el Sur de
la América Latina y acercarse al Brasil para que el presidente
Lula Da Silva lo ayude en las complejas negociaciones que
debe iniciar a la brevedad con la oposición boliviana
y con los sectores económicos de Santa Cruz.
Este nuevo fracaso de la política internacional de Hugo
Chávez debe ser interpretado inteligentemente por Estados
Unidos. El Departamento de Estado debe entender que los pueblos
de la América Latina no ven con agrado sus permanentes
e inaceptables intervenciones en nuestra política interna.
Cada uno de nuestros pueblos tiene que encontrar su propia
solución a los problemas. Los triunfos electorales de
candidatos inspirados en un pensamiento de izquierda moderada
no tienen nada que ver con el radicalismo de Hugo Chávez.
Respaldarlos para que puedan lograr modificar la injusta situación
social existente en nuestro continente sería regresar
a la política de Buena Voluntad de Franklin Delano Roosevelt.
Hacerlo abriría importantes perspectivas en las relaciones
con Estados Unidos y permitiría iniciar un nuevo período
en nuestra historia. Esta lección también debe ser
aprendida por los sectores democráticos de la América
Latina.
ferochoa@cantv.net