Primero hay que atacar la violencia y luego, pero conjuntamente, la desigualdad social
JACOBO RUBINSTEIN
El ejemplo de Medellín
Recientemente estuvo en Caracas, para exponer en la Convención
Nacional de la Vivienda, el ex alcalde de Medellín Sergio
Fajardo, quien en un solo período de cuatro años
(2003-2007) -allá no son reelegibles- logró transformar
esta segunda ciudad de Colombia, de ser una de las más
peligrosas del mundo en lo que es hoy: un orgullo.
¿Qué nos dijo este matemático de blue jeans
devenido en político como candidato independiente? ¿Cómo
logró que esta ciudad parecida a Caracas -de 2,5 millones
de habitantes-, famosa por Pablo Escobar y su Cártel
de Medellín, redujera la criminalidad de 381 por cada
100.000 habitantes en 1991 a 27 por 100.000 en el 2008?
Fajardo sostiene que sin tener claro el problema no hay respuesta
posible, y luego de ello hay que establecer prioridades. Para
él, los dos mayores retos o problemas, la desigualdad
social y la violencia, se asemejan a dos árboles con
raíces profundas y entremezcladas. En este caso, sacar
los dos árboles de manera simultánea es muy difícil;
entonces hay que ir halando primero el árbol de la violencia
y a medida que hace eso se va enfrentando el de la injusticia
social, en un proceso concomitante. A la violencia respondiendo
con un trabajo de seguridad pública, desarme y reinserción.
Para el ex alcalde, la llave maestra para atacar la desigualdad
social es la educación como motor de la transformación
social, y específicamente la calidad deella en las zonas
populares. Ello se traduce en establecer las mejores escuelas
y áreas públicas en los barrios más pobres;
así lo hizo, con gran éxito. Esto lleva a una transformación
urbana notable; lo anterior se acompaña de una mejora
en el transporte público, con el transmilenio y el metrocable
para los barrios pobres (ya vemos de dónde salió
la idea del de Caracas), y una participación de todos
los ciudadanos a través del llamado Presupuesto Participativo.
Se trata de "lo más bello para los más humildes";
para ello convocó a los mejores arquitectos del país,
quienes lograron proyectos de enorme impacto urbano, tanto
en las escuelas como en los parques (parques-bibliotecas).
Como él dice: "el cambio de piel de la ciudad acompaña
la transformación de la ciudad". La parte física
captura la imaginación de la gente. En todas ellas asoma
un cartel que reza "aquí están sus impuestos" y
la idea-fuerza transmitida como consigna: "Medellín,
la más educada". El presupuesto fue elevado al 40% del
total de la ciudad.
En su pensamiento subyace la idea de la arquitectura como
motor no sólo del espacio urbano sino de la realidad
social. Sus detractores critican lo que ven como una concepción
faraónica, pues cada obra realizada ha pasado a ser un
hito visual de la ciudad. No obstante, el respaldo a su gestión
fue el mayor de todo el país.
Si este proceso se lleva a cabo dentro de una gran transparencia
de la gestión pública, se logra orgullo e identificación
de la gente con su ciudad, que se traduce en menor violencia.
Finalmente, Fajardo hizo una gran crítica de los políticos
que llegan al poder sin estudiar a fondo la problemática
y sin fijar las prioridades y los programas.
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