Miguel Bahachille // Ley de abdicación
La creación de una milicia paralela a la Fuerza Armada
Nacional y la recién promulgada Ley de Policía Nacional,
conforman un riguroso pertrecho de control e intimidación
sin precedentes en la historia del país y, quizás,
del mundo. Ello nos retrotrae a las remembranzas del fascismo
y del nazismo en los que sus dirigentes conceptuaron estructuras
similares para garantizarse la perpetuidad en el poder. Los
resultados de esos despropósitos son conocidos.
Estados Unidos ha sido seriamente cuestionado por muchas
organizaciones de derechos humanos por la promulgación
de la Ley Patriota no obstante que ésta fuera promulgada
como secuela del acto terrorista ocurrido contra las torres
gemelas del WTC en el que murieron más de tres mil personas.
En la práctica esta ley anula la Cuarta Enmienda de la
Constitución norteamericana que prohíbe los registros
y arrestos ilegales y que traza una clara distinción
entre la penalización por delitos y la represión
política. Ahora todas las dependencias policiales tienen
acceso a los correos electrónicos, videos de cualquier
actividad cotidiana, testimonio ante gran jurado, etc.".
La Ley Patriota autoriza a los órganos de seguridad
a utilizar "métodos no convencionales", tales como la
tortura y la vejación, para interrogar y obtener información
de los detenidos. Se vale todo: experimentos con drogas, aislamiento
perpetuo, torturas sobre cuerpos desnudos, ataques con perros,
ingesta de comidas nauseabundas, desubicación permanente
(el reo nunca sabe donde está siendo torturado).
Así pues Chávez no podía "quedarse atrás";
había que replicar al Imperio. Parte del contenido de
la nueva Ley de Policía trasciende los preceptos que
resguardan los derechos humanos. Ésta permite a los cuerpos
represivos "ir más allá". Ya de por sí, históricamente,
por formación, los cuerpos policiales del país son
etimológicamente patibularios. Con la excusa de contener
la permanente amenaza del despiadado Bush de posesionarse
de nuestras riquezas, Chávez no cesa en su intención
de "poner al pueblo en armas". Entre tanto la delincuencia
se apodera de todos los espacios del país.
Sin duda que se está configurando un cuerpo particularmente
represivo a ultranza. Sólo los ingenuos piensan que su
creación obedece a un plan gubernamental para combatir
el delito y garantizar la seguridad ciudadana. Luego de nueve
años en el poder este argumento luce desatinado. Dijo
Benjamín Franklin: "aquellos que renuncian a la libertad
esencial para adquirir un poco de seguridad temporaria, no
se merecen ninguna". Así pues, si permitimos que este
modelo turbulento y falaz prosiga tal cual, se estaría
decretando el principio del fin de las libertades fundamentales.
miguelbm@telcel.net.ve
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