BEATRIZ CRUZ SALAZAR EL UNIVERSAL
La inauguración del Teatro Teresa Carreño marcó, hace 25 años, el nacimiento de un espacio reconocido como zona de integración de las artes. Pero lo cierto es que en los últimos años, la política y la desidia han logrado desdibujar el concepto que fue creado exclusivamente para esta área.
Para el arquitecto William Niño, los adjetivos sobran a la hora de hablar del centro artístico. Como "un laboratorio de cultura" logró definir este especialista la estructura diseñada por Tomás Lugo, Jesús Sandoval y Dietrich Kunkel. No obstante, su visión actual dista mucho de la percepción que mantuvo del centro durante sus primeras décadas de funcionamiento.
"El Teresa Carreño fue previsto como un pórtico de acceso a la zona de Los Caobos, donde se concentran los museos y salas de teatro más reconocidas en la ciudad, pero hoy día todo este circuito se encuentra deteriorado", señala el arquitecto.
Y es que la oscuridad y la indigencia llegaron a cercar los acceso del teatro, tal como lo reconoció el mismo presidente de la Fundación Teatro Teresa Carreño, José Luis Pacheco, quien a su vez aseguró que la situación ha mejorado en los últimos años.
A juicio de Edwin Erminy, quien figuró hasta el 2005 como gerente de Producción del Teresa Carreño, Caracas perdió su polo cultural entre la oscuridad y la falta de movimiento del público. "Es una lástima que se haya desviado el rumbo, que haya dejado de ser una referencia para el medio cultural y que haya cedido su puesto como principal sala de espectáculos de la capital a otros centros como el Aula Magna", comenta Erminy.
Para el presidente de la extinta Fundación Amigos del Teatro Teresa Carreño, Enrique Berrizbeitia, aquel eje constituido por el Ateneo, el TTC y los museos ha perdido su capacidad de convocatoria. "Fue un logro tener una zona tan maravillosa unida con los museos, pero ya perdió su dinamismo. Lo tuvimos y nos lo quitaron", dice.
Berrizbeitia agrega que este es uno de los tantos espacios que se han perdido en la ciudad y que se intentan expropiar de su uso original, como ahora sucede con el Ateneo de Caracas. "Por años se formó un público que ahora se han empeñado en destruir. La gente ya no quiere ir porque sabe que allí ya no está la oferta que hasta hace una década buscó", dice Berrizbeitia.
Físicamente, la falta de puestos de estacionamiento ha constituido otra de las carencias reconocidas por las autoridades del centro de espectáculos. Según explica Pacheco, no fue hasta el año pasado que Centro Simón Bolívar cedió a la Fundación la administración del área de estacionamiento. Será en junio cuando se finalice un proyecto de mejora y ampliación del mismo, que incluye la instaura- ción del sistema prepago.
Sobre el tema, el presidente de la fundación que regenta la actividad del teatro, también informó que aún se encuentra en discusión el proyecto que contempla construir una nueva edificación que forme parte del complejo. En dos años podría construirse este ala, que incluirá una sala de usos múltiples y permitirá fortalecer la producción y daría más amplitud al coro y al ballet del TTC.
Y en una ciudad donde la oferta cultural se enclavó por años en el eje de Bellas Artes, el público hoy busca nuevos espacios para subsanar la carencia. Sin embargo, Erminy considera que no existe un espacio que pueda recibir al público que se formó en salas como la Ríos Reyna y José Félix Ribas. "El Aula Magna o el Trasnocho no pueden absorber la demanda, además de que éstos no son los escenarios ideales para la ópera o el teatro, para eso fue creado precisamente el Teresa", explica quien hizo 20 años de carrera en el lugar. A sabiendas de su estado actual y de la pérdida de su esencia natural, Niño destaca que este teatro es tan importante como Sabana Grande y el Centro de Caracas, por lo que recomienda su integración a los proyectos de recuperación de los espacios públicos. "Caracas tiene hambre de eventos culturales, quiere figurar de nuevo en los circuitos de teatro y ópera, quiere volver a ser la joya que fue en su pasado", afirma.