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Ricardo Gil Otaiza // La novela como paradigma literario

Dedico al amigo Luis Barrera Linares

Cada época ha tenido predilección por algún género literario. En la nuestra es la novela el género que atrapa de manera rotunda e inequívoca la atención de los lectores a escala planetaria. Claro, todo esto tiene sus antecedentes, y han tenido que suceder muchas cosas para que lleguemos a la novela como paradigma de nuestro tiempo.  Si reconocemos como "paradigma" una manera de entender y de ver el mundo, aplicado a la narrativa vendría a ser el contexto que nos permite reconocernos como parte de nuestra época a través de lo novelesco. De más está agregar a estas consideraciones, que la novela es el género de mayor cultivo en la actualidad, abriéndose ante el lector toda una escala de matices y de posibilidades que vendrían a satisfacer las necesidades de ese cliente ávido de novedades.

Bueno, a propósito de eso que los gerentes suelen llamar oferta y demanda, en el contexto editorial los libros son vistos no como un bien cultural -precisamente-, sino como un producto perfectamente inserto en las normas del mercadeo de los bienes y servicios. Es decir, esos "matices" que señalé líneas arriba, no son más que meras exigencias de un mercado cambiante, versátil, complejo, que busca alcanzar un mayor posicionamiento del libro en los diferentes escenarios globales.  El libro y su impacto en el contexto social es -por tanto- obra de reglas milimétricamente concebidas a los fines de una rentabilidad que sobrepasa la idea romántica, logrando insertarse con fuerza y profusión en disímiles contextos, donde se bate a duelo por su mera supervivencia. Ahora bien, la novela es el icono del mercado editorial contemporáneo, logrando de manera muy hábil acaparar los espacios que años atrás ostentaban en buena lid la poesía, y en menor grado el cuento. Aparentemente eso es bueno que suceda. Es decir, que el libro logre capturar su tajada del mercado global, no es cuestión descabellada, ni mucho menos inverosímil, sólo que la confluencia del libro como producto donde se mueve a través de los poderosos hilos de las leyes del mercado, ha traído como consecuencia directa la "trivialización" del hecho literario, y el que merme su calidad intrínseca (la que proviene de su esencia como bien de la cultura).

Desde la óptica del autor, es decir, de quien escribe la obra, la profusión del libro como objeto ha llevado a centenares de escritores a alcanzar una preeminencia mediática y social, sólo superada por los monstruos del espectáculo, sin soslayar -por evidente- el fenómeno de autores como J. K. Rowling y su serie de Harry Potter, o Stephen King y sus portentosas novelas de suspenso, o la ya mítica escritora inglesa Agatha Christie, cuyas novelas policíacas siguen abarrotando los anaqueles de las librerías del todo el mundo, a pesar de haber fallecido hace tiempo. En otras palabras, el lanzamiento del libro como mero objeto de mercado, no sólo ha llenado las arcas de los editores, sino que ha hecho inmensamente ricos a un puñado de escritores atomizados en los cuatro puntos cardinales del planeta. Desgraciadamente, no siempre las preferencias de las masas van de la mano de la opinión de la crítica especializada, lo que pone en tela de juicio la relación venta-calidad, cuestión que aún hoy (en un mundo interconectado) es el mayor quebradero de cabeza de autores, editores, académicos y críticos, y debería ser considerado como un serio problema para el lector que se precia de su "oficio".

Rara avis constituye pues la confluencia del poder de la venta en el mercado global y la calidad del texto novelesco. Por lo general, los autores consagrados reciben presiones para satisfacer a corto plazo las demandas del mercado, y se ven impelidos a escribir novelas a razón de una por año, o por cada dos años, terminando como esclavos de sus agentes literarios y de unos lectores cautivos que no sacian fácilmente su sed de novedades.

Mala idea entonces la de aquellos editores que creen que al saturar el mercado con libros basura, están satisfaciendo las necesidades de los compradores. En absoluto. Un buen lector, un avezado lector siempre sabrá agradecer una magnífica novela en el mesón de las novedades. Se los juro que es así.

rigilo99@hotmail.com 



 
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