El fiscal Quincuagésimo Sexto, José Contreras Pérez,
se habrá sentido aliviado al escuchar la encendida defensa
que hizo el presidente Chávez del envilecido ex Fiscal
General de la República, Isaías Rodríguez,
durante la cadena realizada con motivo de la promulgación
de la temible Ley de Policía Nacional, la cual sacralizará
el ¡disparen a matar! sin orden judicial, ni presencia del
Ministerio Público. El espaldarazo presidencial a Isaías
Rodríguez constituye prueba irrefutable de la veracidad
de las denuncias hechas por Contreras en torno a los responsables
de las monstruosas irregularidades y crímenes cometidos
en torno al caso Anderson, devenido en un perverso instrumento
para liquidar vidas y reputaciones de venezolanos honorables.
Como el lector recordará, el fiscal Contreras dirigió
una carta a la nueva Fiscal General, Luisa Ortega Díaz,
en la cual denunciaba que las declaraciones de Giovanny Vázquez,
"testigo estrella" del caso Anderson, habían sido manipuladas
por Isaías Rodríguez y forjado el expediente en
numerosas oportunidades. "La responsabilidad sobre el cambio
del contenido de las actas de entrevistas rendidas por el
testigo -reza textualmente la carta de Contreras- recaía
directamente en la persona del entonces Fiscal General (...
) quien alegaba, luego de leerlas, que éstas debían
ser consultadas con "el alto Gobierno ya que esta investigación
era un problema de Estado; posteriormente nos reunía
a los fiscales comisionados y nos decía que debíamos
quitar a tal persona o colocar el nombre de esta otra, así
como decir sus rasgos o características que pudieran
individualizarla (... ) Nada se hacía si no era con instrucciones
precisas".
Cada vez que se borraban nombres de posibles imputados y
se incluían otros nuevos como consecuencia de las "consultas
con el alto Gobierno", tal acta se desechaba y se hacía
una nueva, para lo cual había que llamar una vez más
al "testigo estrella" a fin de que "acusase" a los nuevos
imputados y firmase el acta correspondiente. Así entraron
y salieron los nombres del fallecido y respetadísimo
Cardenal Castillo Lara, de María Corina Machado y otros.
La práctica llegó a ser tan común -según
relato de Giovanny Vázquez de Armas coincidente con lo
dicho por Contreras a la Fiscal General- que los fiscales
le presentaron a Vázquez de Armas numerosas hojas en
blanco para que las firmase, cosa que, en efecto, hizo. Esa
es la razón por la cual, aunque muchas de esas actas
fueron destruidas, otras fueron rescatadas como prueba de
la nauseabunda corrupción de este grupo gangsteril.
En el truculento relato hecho estos días por el prolífico
mitómano Vázquez de Armas -plagado de contradicciones-
hay varias partes que coinciden con las documentadas denuncias
del fiscal Contreras, como, por ejemplo, "las declaraciones
anticipadas" que no fueron tales y que, sin embargo, fueron
usadas para pedir privativa de libertad contra personas que
resultaron ser inocentes, y que, en su mayoría, habían
expresado públicamente su disenso con el régimen.
El sórdido espectáculo del pasado miércoles
con la excusa de la promulgación de la "Ley de Policía
Nacional" tenía un objetivo muy distinto, no de otra
manera se explica la presencia allí de todos los poderes
públicos. Estaban la presidenta del TSJ, simulando creer
en el manipulado Latinobarómetro mostrado por
Chávez en el cual aparecía Venezuela en el primer
lugar de "acceso a la Justicia", olvidando que el "acceso"
nada tiene que ver con la "calidad" y la independencia de
la "justicia". Pretendió Chávez, sin lograrlo, opacar
el reciente y duro informe de la CIDH sobre Venezuela, en
el que se muestran numerosas evidencias del "ambiente hostil"
contra la disidencia y la abierta injerencia presidencial
en las decisiones de los tribunales del país regidos
por jueces que, como el envilecido ex fiscal, reciben órdenes
del "alto gobierno", que servilmente cumplen.
Y esa era la finalidad de la cadena: reunir a la nueva Fiscal
y a las obedientes presidentas de la AN y del TSJ para darles
(subrepticia, aunque claramente) una orden tajante: "Pido
apoyo para el ex fiscal Isaías Rodríguez, ahora
incorporado como conjuez". Y añadió cínicamente
Chávez: "fortalezcamos las instituciones; no podrán
debilitar la moral de la nueva institucionalidad".
Ya sabemos entonces que "la moral de la nueva institucionalidad"
es garantizar la impunidad de quienes cometen delitos, así
sean horrendos, en cumplimiento de las órdenes del "alto
gobierno". No hay duda de que la justicia no es para castigar
a los delincuentes (que, como vemos, son quienes la "administran"),
sino para privar de la libertad a quienes se oponen a las
cada vez más aberrantes decisiones del poder. Vean, si
no, como Isaías, por orden del "alto gobierno" ya está
protegido por el TSJ ¿Quieren mayor inmundicia "institucional"?
mcolomina@gmail.com