DANIEL RICARDO HERNÁNDEZ
EL UNIVERSAL
"De 20 a 25% de las emisiones totales de gases de efecto
invernadero (GEI) son consecuencia de la deforestación
y degradación de bosques; eso es más de lo que produce
el sector transporte, en todo el mundo", así lo estimó
Markku Kanninen, miembro del Panel Intergubernamental para
el Cambio Climático -órgano multilateral que recibió
el Premio Nobel de la Paz en 2007- durante el foro Presión
del cambio climático sobre los bosques tropicales, promovido
por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Según el científico, Indonesia, seguido de Brasil,
es el país que mayor cantidad de emisiones hace "por
cambio de uso de suelo y deforestación". Dijo que el
volumen de esos GEI, grandes causantes del calentamiento global,
"equivale a todas las emisiones de la Unión Europea".
Y son la ganadería, la expansión agrícola,
el aumento de asentamientos urbanos y la extracción de
madera amenazas para la supervivencia de los bosques.
Sentencia para Suramérica
Peter Bunyard, editor científico de The Ecologist,
añadió que "necesitamos vivos a los bosques amazónicos
porque absorben dióxido de carbono, mantienen el ciclo
hidrológico, son sistema vital para transferencia de
energía, son sostén de biodiversidad y son componente
vital para el reciclaje de nutrientes". De no darle debida
protección a estos santurarios de vida, sobrarán
consecuencias para lamentar: "Sin bosques amazónicos
Suramérica va a morir", advierte el especialista.
Huellas en el planeta
Aili Pyhälä, del Instituto del Medio Ambiente de
Finlandia, comentó que la Huella Ecológica (relación
entre la velocidad que se consumen los recursos y la velocidad
en que se renuevan) de la actividad humana "excede en casi
25% la capacidad del planeta para regenerarse" y que "53%
de la huella ecológica de Venezuela viene de las emisiones
de dióxido de carbono por uso de combustibles fósiles".