RAY AVILEZ
EL UNIVERSAL
En una bella casa de Colinas de Los Ruices se escuchaban
a lo lejos decenas de risas, aplausos, una feliz algarabía,
cantos espontáneos y mucha música. Se oyeron emotivos
discursos dibujados con el ingenio de Graterolacho, micrófonos
que asaltaban voces conocidas, una placa labrada en amistad
que hizo llorar de la emoción más viva y merecida
a quien fue objeto de una de las muestras más especiales
que resaltan la cualidad del ser humano, el agradecimiento.
La comunicadora social Carmen Romero, tras 17 años de
trabajar en KYS FM, se separa de su pasión: la radio
y las noticias, también de su país. El amor -que
no conoce de visas ni certificados de residencia- se la llevará
a España y su gran grupete le dio una de las mejores
rumbas que haya visto la ciudad desde que empezó el año,
por lo genuina y donde las emociones estaban a flor de piel
gracias a la cantidad de afectos que sembró Carmen entre
sus amigos y colegas todos estos años.
Estaciones de suculentas crepes y de pizzas recién salidas
del horno bordeaban el jardín mientras Cuchi, como la
bautizaron los padrinos de la vida que son los amigos, trataba
de no llorar ante tantas sorpresas que le tenían preparadas
con el más fino humor criollo, con la presentación
de un programa de sorpresas para la agasajada que incluyeron
un video con las expresiones más heterogéneas de
sus compañeros de trabajo, un coro con muchos rostros
conocidos del show business nacional que interpretaron una
versión nada ortodoxa de la canción de Herrero y
Armenteros Venezuela para decirle sin lágrimas
lo mucho que la van a extrañar en su tierra y en la radio,
medio al que le dio un gran aporte con su trabajo para el
museo de la radio del país.
Los rumberos de los micrófonos se despidieron con un
hasta luego -el mismo que prometió Carmen-, porque ella
siempre estará en sintonía nacional.