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| Caracas, viernes 28 de marzo, 2008 | |||||||||||
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Los cubanos enfrentan el reto de las aperturas tecnológicas
Frank López Ballesteros El Universal Con la Revolución de Fidel Castro, Cuba perdió sus estratificaciones clasistas. En ese sentido todo se puso patas arriba, siendo posible en un mismo edificio en Alamar, Centro Habana, Vedado o Mariano hallar profesionales, técnicos, ministros y militares. Sobre lo que se ha dicho de la deconstrucción del país y de sus grandes ciudades, muchas pagaron su papel de símbolo del capitalismo prerrevolucionario para convertirse años después en urbes atrasadas y sin inversiones estatales. Es lógico ahora -parece- que tras 49 años de un sistema por igual criticado y alabado en el mundo, y con el traspaso definitivo de poderes de Fidel Castro a su hermano Raúl y su designación el pasado 24 de febrero como presidente de Cuba, éste se apreste a aplicar una serie de cambios que oxigenen la vapuleada economía de la isla. Estas limitaciones forman parte de "el exceso de prohibiciones" denunciadas por Raúl. El propio Presidente señaló que "detrás de cada prohibición incorrecta, búsquese un buen número de ilegalidades". Los cubanos ven síntomas de liberalización, pero los expertos indican que la población sigue pendiente más de la subsistencia y la quiebra económica que de la apertura política. Esta semana Raúl Castro dio pasos significativos hacia esa meta, autorizando a partir del 1 de abril la venta a personas particulares de computadoras y equipos electrónicos que hasta ahora estaban reservados para un estricto grupo de funcionarios de gobierno y extranjeros. La última encuesta oficial sobre "Tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) uso y acceso en Cuba", reveló que hasta 2007, 33,2% de los 11,2 millones de cubanos habían operado una computadora, en un país que hasta 2005 contaba con 377.000 procesadores. En todo caso, las disposiciones de Raúl abren un nuevo panorama de discusiones que lucen simplistas, pero a los ojos de la realidad serán complejas. En un país donde el salario promedio es de 408 pesos al mes (17 dólares) y con una moneda paralela que debilita al peso corriente, los cubanos se preguntan cómo adquirirán los electrodomésticos que superan con creces el valor de sus ingresos. El viraje anunciado, no obstante, es limitado. Nadie conoce la definición exacta de "los cambios estructurales" de Raúl, pero sostienen los analistas que el Gobierno no piensa aprobar la propiedad privada porque la considera contraria a los principios de la revolución. Con la "apertura tecnológica" se percibirá también la brecha latente entre aquellos que podrán comprar gracias a las remesas enviadas por sus familiares desde el extranjero, y los otros que quedarán como meros observadores de los "cambios positivos". Durante años el uso de Internet ha estado severamente regulado en la isla; la red ha servido para el debate del espinoso tema de las libertades en el país por lo que el régimen se ha dedicado a silenciarlo. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones de la ONU, la mayor de las Antillas presenta la tasa más pequeña de penetración de Internet en la región: 0,9% de los cubanos acceden a ella. No se trata sólo de Internet. También las antenas que transmiten canales extranjeros son perseguidas; incluso una televisora del Gobierno venezolano, Telesur, sólo se retransmite después de una estricta selección temática del material. En esta batalla de las comunicaciones y la tecnología, el surgimiento de los bloggers ha cambiado el estilo de criticar al sistema, y ahora decenas de "bloggeros" desde la clandestinidad emiten opiniones sobre la cotidianidad cubana. Si bien es cierto que el bloqueo financiero de EEUU no ha permitido la modernización, el Ministerio de Informática y Comunicaciones aclara que Cuba accede a la red por medio de satélites. Para solventar este problema, una empresa mixta cubano-venezolana trabaja en la colocación de un cable submarino que desde Venezuela permitirá una mayor conexión a la red global desde Cuba. Los "pendrive" revolucionarios Los cybercafés públicos se han reducido al mínimo y cobran cinco dólares por hora. El lema que discurre es que "el Internet es para los extranjeros, Intranet para el pueblo", donde sólo se puede enviar y recibir correos electrónicos. Pero el ingenio en Cuba da para todo. La estrategia que usan muchos es el alquiler de los "nombres de usuario" y contraseña de empleados estatales o de tarjetas electrónicas, las cuales alteran combinando los seriales numéricos para que puedan conectarse. La mayoría del material descargado son películas, libros, documentos y canciones prohibidas por el Gobierno, que luego son copiadas en discos y se venden en el mercado negro. El uso del pendrive ha permitido multiplicar las descargas ilegales y crear redes de apoyo entre cybernautas. Estos grupos son la cara fresca de la revolución tecnológica de la que Cuba parece no haber escapado. A pesar de que el comercio con China comunista y el acuerdo petrolero con Venezuela oxigenan a la isla, el turismo y las remesas generan cerca de 3.120 millones de dólares en ganancias, según el Ministerio de Economía y Planificación cubano. El PIB de 2007 fue de 7,5%, y la cruzada por una nueva realidad es fuerte. Los jóvenes, frustrados con la austeridad de la vida bajo el socialismo, ven pocas esperanzas de cambios con el equipo revolucionario de la vieja guardia castrista que tomó las riendas. 70% de los once millones de cubanos nacieron después del triunfo de Fidel Castro. Tres millones no han cumplido 20 años y la mayoría piensa en música y tecnologías. Raúl, con sus enmiendas, demuestra que los cubanos vivían aislados y que la tecnología será la primera oportunidad para enmendar errores. |
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