El intelectual es supuestamente un ser elevado, un ciudadano
universal, crítico y luchador por el bien de la humanidad.
Es por eso que un intelectual comprometido con un proyecto
político totalitario es una aberración y no existe
nadie más despreciable que quienes en uso de facultades
que la mayoría de los humanos no poseemos, se niegan
a divulgar la verdad.
Existen dos casos paradigmáticos en la historia reciente.
Uno fue Jean Paul Sartre, ese gigante de la filosofía
del siglo XX que fue seguido por una corriente universal de
pensamiento, también se declaró amigo y seguidor
de Josef Stalin, el carnicero de Rusia. Cuando sus discípulos
se acercaron a Sartre y le dijeron que siendo público
lo de los GULAGS y hospitales psiquiatricos donde habían
sido asesinados millones de personas, no había razón
para continuar con el apoyo a Stalin, Sartre se negó
y hasta escribió una obra donde aseveró que se trataba
de un cuento de la CIA.
Otro de más actualidad es Gabriel García Márquez
que apoya de forma irrestricta a su amigo Fidel Castro, el
sátrapa más infame de Latinoamérica, el carcelero
de todo un pueblo y responsable directo de cientos de miles
de muertes en Cuba y en el exterior. Gabo, tú serás
un gran escritor y estás muy enfermo, pero al apoyar
con tu intelecto privilegiado a un gran criminal, te conviertes
en su cómplice, sellando tu epitafio para la historia.
Chávez también tiene su cohorte de intelectuales
comprometidos, Saramago, Esquivel, Chomsky y Ramonet son sólo
algunos que ricamente apoltronados en sus mansiones, apoyan
al hegemon de Sabaneta. En Venezuela, la cosa no le ha sido
fácil, aunque cuenta con las lumbreras intelectuales
de Mario Silva, Nicolás Maduro y Müller Rojas. ¡Será!
seppel@cantv.net