EFRAÍN RUIZ PANTIN
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
Port St. Lucie.- Luego de conectar un doble, Johan
Santana anotó desde la segunda base gracias a un sencillo
de José Reyes. Fue entonces, tras pisar la goma, cuando
se dio cuenta de que esto de batear en la Liga Nacional será
un poco más complicado que pegarle a la pelota.
En la misma jugada en la que El Gocho anotó, Reyes fue
puesto out en la intermedia, para decretar el final de la
segunda entrada. El venezolano no había terminado de
correr y ya debía volver al montículo a lanzar.
"En ese momento me dije 'guao' y me tomé unos segunditos
para regresar al montículo, porque de verdad estaba cansado",
recordó el momento un par de horas después del encuentro,
disputado la noche del jueves, en el que ponchó a siete
y no recibió carrera en seis entradas.
"Esa es una de las cosas más difíciles para un
pitcher. Tener que correr las bases y luego salir de nuevo
a lanzar, no es nada fácil", siguió hablando sobre
esa nueva tarea para él.
Los Mets le dieron un contrato garantizado de 137,5 millones
de dólares, el más grande para pitcher alguno en
la historia, por lo que es capaz de hacer en la loma, no en
la caja de los bateadores. Sin embargo, el zurdo de 29 años
no está dispuesto a ser un out por regla. Y el jueves
lo demostró. No sólo con ese doble, sino también
con el boleto que recibió cuando se fajó al conectarle
un par de fouls al abridor de Orioles, Jon Leicester.
Santana tiene idea de lo que está haciendo en el plato
y se nota, así a veces luzca descolgado. Hasta el día
en el que Andrés Reiner, el scout de los Astros, fue
a buscarlo hasta su natal Tovar para convencer a sus padres
de que lo dejaran irse a la academia del equipo, siempre se
había desempeñado como jardinero. Y quienes lo conocieron
entonces dicen que era buen bate.
Hay pruebas de eso. En los partidos interliga que disputó
con los Mellizos, se las arregló para dar ocho hits en
31 turnos, lo que le da un promedio de .258. Entre la cosecha
hay un doble, un triple, tres anotadas y tres empujadas. Son
números más que decentes para un lanzador que jamás
ha tomado más de ocho turnos en una temporada. "Lo principal
es tocar la pelota y mover a los corredores de una base a
otra", detalló.
Se ve que no está loco por imitar a Carlos Zambrano,
el venezolano que se ha erigido como el más peligroso
bateador entre los pitchers de las Grandes Ligas. "Ahí
sí no sé qué pasará", dijo Santana sobre
un eventual enfrentamiento con El Toro. "Voy a tratar de batearle.
Pero no garantizo nada. Si le puedo pegar, le pego".
Su propia medicina
Como todo lo que hace en el beisbol, se lo está tomando
en serio. En los días en los que no lanza se detiene
siempre por media hora a batear en uno de los tantos campos
que tienen los Mets en su sede primaveral.
El miércoles, por ejemplo, le tocó enfrentar los
envíos de Al Jackson, uno de los encargados de supervisar
el trabajo de los pitchers de ligas menores de la organización.
A medida que le lanzaba, le iba diciendo distintas situaciones
de juego, para irlo preparando mentalmente. "Hombres en primera
y segunda, un out", gritaba Jackson antes de soltar pelota
tras pelota.
El Gocho, que pedía que le tirase más y más
lanzamientos, dio varios rollings y podridos, pero también
algunos batazos contundentes, casi todas hacia la parte derecha.
Pero el momento más cómico de la tarde lo protagonizó
sin pegarle a la bola. Con Santana preparado y emocionado,
preguntando cuántos corredores imaginarios había
en las bases y cuántos outs marcaba la pizarra, Jackson
inició su movimiento y le tiró¿un cambio de
velocidad.
El venezolano, que hizo swing con todo, no tuvo tiempo de
leer el lento pitcheo y cayó al piso tras abanicar la
brisa y dar un par de vueltas, cual trompo, sobre el home.
"Eso es lo que tú le haces a los bateadores", le recordó
Jackson en seguida, aún muerto de risa.
Si Santana hiciese siempre swings como ese, no tendría
que preocuparse por correr, porque al menos que se la pegasen
o le diesen cuatro malas no llegaría jamás a las
bases. Sin embargo, el hombre está mejorando.