Chávez es uno de esos tipos que cree que con sólo
nombrarlas, las cosas se materializan. En su imaginario delirante
cobran vida muchas ilusiones. Como esta República que
llama bolivariana, a pesar de que sabe que no puede ser tal
una república en la que, con su complicidad, campea la
corrupción y escasean las virtudes, pues su mentor, el
propio Bolívar, sentenció que "…sin virtud perece
la República".
Chávez le cambió el nombre a muchos de los entes
desde los que administra el país. Al responsable de la
seguridad ciudadana le antepuso, al igual que a los demás
ministerios de su abultadísimo gabinete, el tramposo
apelativo de "Poder Popular". La cifra de los asesinados de
cada día en Venezuela demuestra claramente que estamos
frente a una ilusión, pues ese supuesto "Poder" no controla
el hampa, y tampoco es "Popular", porque el propio pueblo
venezolano es su víctima.
Ante el fracaso de sus políticas económicas, producto
de las cuales se ha disparado la inflación que corroe
la capacidad adquisitiva de los ciudadanos, al Ministerio
del Poder Popular para las Finanzas Públicas se le ocurrió
el año pasado quitarle tres ceros a la moneda. Buscaban
producir la ilusión de una reducción del costo de
la vida.
Llaman Fuerte al signo monetario, a la economía, y al
país. La inflación de enero derrumbó esa ilusión.
Nuestra moneda no vale nada porque son pocas las cosas que
existen que se pueden comprar y porque han desparecido muchos
de los bienes que se necesita adquirir; la economía sufre
la tragedia de los controles que la asfixian; y el país
se desmorona en su institucionalidad.
La chequera de Chávez compra ilusiones. Aquí, y
muy especialmente entre los más pobres, ha comprado feligreses
que con toda justicia tienen la ilusión de vivir una
vida mejor. La más valiosa de las muchas cosas que "no
hay" en nuestro país, y que es justo la que más
reclamamos, es el derecho a la vida, arrinconado contra el
paredón de fusilamiento en el que transcurre la cotidianidad
de los venezolanos en sus propias casas, y en calles, plazas,
parques, cárceles, universidades y demás espacios
públicos y privados.
"No hay" es la expresión que describe con más fidelidad
la bancarrota del sector productivo, que no ha desaparecido
gracias a que contamos con valiosos industriales venezolanos
que, a pesar de las frecuentes amenazas y muy severas acciones
gubernamentales en su desmedro, siguen produciendo parte de
lo que consumimos. Y Chávez los llama con insistencia
"traidores a la patria", eso sí.
Afuera son muchos los vividores que se aprovechan groseramente
de este ilusionista rico que reparte fondos del barril sin
fondo que es el Tesoro nacional, y que vive la ilusión
de ser el líder que acabará con el imperialismo
al que, paradójicamente, le sigue comprando mucho de
lo que él mismo impide que produzcamos los venezolanos.
Y esto último no es ilusión.
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