I
La ratificación de Ricardo Navajas como director técnico
de la selección nacional de voleibol que viajará
en agosto próximo a Pekín, a los Juegos Olímpicos,
deja abiertas algunas dudas acerca de la conducción del
deporte en Venezuela.
No es nueva, ni única, la manera como el técnico
brasileño retomó el cargo, luego de una serie de
serias acusaciones de parte de la presidenta de la federación
de la especialidad, Judith Rodríguez.
Como bien destacó el periodista José Manuel Fernández,
en su momento, en el caso del entrenador las palabras -bastante
subidas de tono, por cierto- se las llevó el viento.
Tras advertir que Navajas maltrataba a los jugadores, que
los vejaba y que no volvería al mando, bastó que
el brasileño, último encargado de una selección
que ha trabajado unida y con cambios de timonel en varias
oportunidades, bajara sus aspiraciones salariales, para que
la concordia y la justificación aparecieran y las asperezas,
que parecían insalvables, se tornaran tan lisas como
la brillante cancha.
Algo no encaja en esta situación, y probablemente alguien
miente o no tiene la suficiente vergüenza aquí.
Los jugadores, como siempre, están al margen.
II
Fue el cubano David Suárez quien le dio forma y consistencia
a este proyecto, que tras más de una década llega
a la cita universal del deporte. El técnico antillano
supo reconocer el talento y batallar en un mundo donde los
deportes de conjunto no obtenían los recursos ni el apoyo
popular, sobre todo en una época -aún no superada-
en la que no se acompaña la especialidad de la malla
en alto con una liga profesional, como sí ocurre con
el fútbol, el baloncesto y especialmente con el béisbol.
Fueron esas primeras enseñanzas de equipo las que, como
en los tiempos de la educación inicial en el preescolar,
quedaron grabadas en un grupo que aprendió a ser tan
homogéneo que en momentos de exigencia extrema, metió
la mano en sus propios bolsillos para sufragar los gastos
del más reciente preolímpico, el que paradójicamente
les dio el boleto para Pekín.
El mérito, entonces, y ojalá que eso no esté
cuestionado en esta sinrazón de declaraciones, exigencias
salariales y silencios cómplices, es para los jugadores
que sortearon obstáculos para llegar a esta meta, los
Olímpicos. Honor para ellos, y para quienes inculcaron
ese amor por el deporte.
III
La del voleibol, tras la negativa del argentino Javier Weber
para hacerse cargo del equipo, no es la primera improvisación
que se ve entre los federativos del deporte nacional.
Recientemente el baloncesto, presidido por Carmelo Cortez,
sorprendió a propios y extraños al cesantear a Néstor
Salazar y poner el nombre de Carl Herrera en el tapete para
que se encargara del quinteto vinotinto.
El mismo día, y con una humildad propia de los grandes,
el mismo Herrera señaló que aún no está
preparado para un cargo como ese, y que como todo lo que ha
hecho en la vida, en el baloncesto, va a prepararse primero.
La consecuencia inmediata, es el vacío de poder, por
decirlo de alguna manera.
Para nadie es un secreto la novela vivida en la Federación
de Fútbol, tras la renuncia de Richard Páez, que
si bien no concluyó con un contrasentido, sí levantó
polémica, sobre todo por las ofertas, aún secretas,
hechas a cada técnico propuesto en la terna final de
elegibles.
Y para cerrar, después de lo ocurrido en 2006, en el
Clásico Mundial de Béisbol, ya el tiempo va en contra
para la conformación del equipo, y el correspondiente
cuerpo técnico. En la primera experiencia mucho se habló
de la imposición de un alto mando vinculado a una empresa
privada. Habrá que ver si priva la cordura y se elige
realmente al mejor.
ayanezm@gmail.com