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La Colonia Tovar bien vale unas cuantas horas de cola

Gastronomía, artesanía y hasta tiro con arco y flecha a 50 kilómetros de Caracas

La venta de duraznos, fresas y moras en los alrededores de la iglesia ha sido una costumbre en estos valles aragüeños desde hace más de ciento cincuenta años (Oswer Díaz Mireles)
JAVIER BRASSESCO |  DIARIO
lunes 17 de marzo de 2008  12:00 AM

JAVIER BRASSESCO

EL UNIVERSAL

Sí, claro, el tráfico es infernal. Y el mal estado de la vía. Además las invasiones de La Yaguara, válgame Dios, las invasiones. En cualquier momento esa vía se pone como la Panamericana y lo atracan a uno en su propio carro...

Ciertamente no es un camino de rosas el que conduce a la Colonia Tovar. Pero allí, a sólo 50 kilómetros de Caracas está un lugar con muchísimas cosas por descubrir, un sitio que es mucho más que fresas con crema, salchichas o rodilla de cochino.

Claro: en cualquier inventario de la Colonia la gastronomía tiene que ocupar un lugar privilegiado. Sólo que ésta no se limita a los típicos platos alemanes, que se pueden conseguir casi que en cualquier restaurante o cabañita.

La Casa del Fondue, por ejemplo, es un restaurante entre montañas donde la especialidad es la comida suiza. Y el Rebstock tiene una carta en donde se ofrecen ancas de rana, queso Brie, churrasco de mero en algas marinas, envuelto de pollo con queso de cabra, helado frito en abrigo de almendras y frutas, helado de mantecado con moras al oporto caliente y parfait de almendras.

Y si de lo que se trata es de pasar allí una o varias noches, se puede escoger entre hoteles grandes y tradicionales rodeados de montañas como el Selva Negra (que nació hace setenta años ofreciendo el curioso Plan Luna de Miel, gracias al cual los recién casados iban al lugar tras diez horas en mula desde Caracas) o el Freiburg (tres estrellas), o entre los más de treinta lugares que ofrecen cabañas para el hospedaje. Algunos lugares, como el restaurante La Ballesta, tienen además canchas de tiro deportivo con arco y flecha, flower de aire, pool y hasta una cancha de paintball.

También en materia de licores la Colonia tiene algo que decir, pues allí está la cervecería Tovar, que elabora artesanalmente la cerveza que se expende en casi todos los negocios y que mantiene, aseguran sus dueños, los estándares de calidad exigidos por la Ley de Pureza de Bavaria, que data de 1516.

Tours para todos los gustos La empresa Regenwald Tours, que se ha hecho famosa gracias al particular Pingzauer (un vehículo de guerra que es utilizado por la compañía para organizar sus paseos) ofrece todo tipo de recorridos por la región.

Desde pequeños tours de hora y media hasta días completos, esta puede ser una buena opción para conocer la Colonia más allá de su tradicional centro. Muchos salen todos los días, pero también hay otros que sólo son hechos previa reservación por el teléfono 02443551662.

Algunos viajes, como el llamado Algo más que un Pueblo, se enfocan en los aspectos más característicos del lugar (charcutería, visita a la fábrica de cerveza y a las áreas de cultivo, vistas panorámicas), mientras que otros (el tour ecológico) son hacia el pico Codazzi o hacia los lugares menos conocidos: así, el llamado tour Huellas del Pasado lleva a los clientes a que conozcan los petroglifos indígenas que están en Potrero y les dictan un pequeño taller artesanal.

Y es que la artesanía es otro de los atractivos de la Colonia Tovar, y allí tiene su sede El Arte Cerámica Tovar, uno de los talleres más importantes del país. Está también el Centro Académico de Luthería, en donde se estudia la fabricación, mantenimiento y reparación de instrumentos musicales, así como el Taller de Fuego Creativo y la escuela de Carlos Kohler.

Hace casi 165 años, exactamente un 8 de abril de 1843, llegó a los valles de Aragua y proveniente de Endigen el primer grupo de 391 colonos alemanes. Aquella jornada fue el producto final de las diligencias que tres años antes realizara Ángel Quintero, ministro del Interior de José Antonio Páez, y de la generosidad de Manuel Felipe Tovar, quien ofreció sus tierras.

Hoy los tovareños de quinta, sexta y hasta séptima generación honran con su trabajo y su amabilidad para atender al turista a unos antepasados que emprendieron un viaje de 112 días (qué fácil que es escribirlo) para fundar en Venezuela lo que sería la primera colonia de inmigración selectiva.

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