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| Caracas, domingo 16 de marzo, 2008 | |||||||||||
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Sueño rock en Valencia
WILLIAM PADRÓN ESPECIAL EL UNIVERSAL Valencia.- Lo que pareció una apuesta arriesgada para Profit Producciones en el año 2005, se convirtió en negocio rentable este año. Dream Theater, la banda de rock progresivo contemporánea con más seguidores en nuestro país, se encontraba con sus fans nuevamente, esta vez en el Forum de Valencia. Justo a las 8:00 pm aparecía en tarima la agrupación nacional RC2. Formada por Félix Duque (voz) --ex integrante de Radio Clip-- junto a Mauricio Barroeta (guitarra), Rafael Paz (teclados), Pedro Misle (bajo) y Eduardo Benatar, estos dos últimos miembros de Luz Verde, el quinteto ofreció 30 minutos de concierto. Una puesta en escena sencilla para mostrar la intensidad de una banda soportada en sus arraigos prog rock. Así deleitaron a una audiencia prendada de la educada voz de su líder y los acordes de cuatro fusionados --''joroprog''-- junto a riffs de guitarras afilados y machacantes bien estructurados. Suele suceder en este tipo de recintos cerrados que a la compensación nacional le cuesta tener un sonido decente y en el caso de RC2 se le oía saturada y asfixiada a través de los parlantes. Aún así los asistentes pidieron "otra" y la banda dignamente pasó la prueba. No hubo tiempo para más. La exactitud parece ser la regla militante para James LaBrie (voz), John Myung (bajo), John Petrucci (guitarra), Mike Portnoy (batería-voz) y Jordan Rudess (teclado), a las 9:00 pm era develada su parafernalia escenográfica. Una hormiga de mediana estatura en la mitad del escenario, otras dos en los amplificadores de guitarra, haciendo referencia a su más reciente producción discográfica Systematic Chaos (Roadrunner Records, 2007). Una pantalla central proyectaba imágenes de la banda con una rápida retrospectiva de su carrera musical. El "símbolo de la majestad'', logo que representa a la banda, también hacía sus aparición. Los primeros en aparecer subirse a la tarima fueron Jordan y Petrucci, éste último el verdadero héroe de la noche, como gritaban sus fans minutos antes de comenzar su actuación. La base rítmica compuesta por el estoico Myung y el carismático Portnoy --quien al menos cuatro veces dejó caer su baqueta sin lograr atraparla en sus acrobacias constantes-- se sumarían al intro hasta que un seguro e imponente James daba inicio formal al concierto con Constant motion, primer single del reciente álbum. Rudess sacó un teclado en forma de guitarra para sorpresa de los presentes. Esta era la octava y última parada en Sudamérica para Dream Theater en el marco de su Chaos in motion world tour 2008. México y Estados Unidos les siguen hasta el 4 de Junio que aterricen en Puerto Rico. ''Hola Valencia'', saludaba LaBrie en español. Poco conversador, con la música lo diría todo. Un paseo por 23 años de carrera eran suficiente para saciar a la arraigada legión de seguidores que se movilizó desde Caracas, Maracay, Barquisimeto, Punto Fijo, Mérida y Maracaibo, para asistir a uno de los fenómenos de culto que más ha influenciado a cantidad de músicos en Venezuela. Dream Theater también supo pagar tributos a héroes como Pink Floyd al versionar el clásico Mother, mientras se percibían las influencias de Rush, Genesis y Metallica, entre otros. LaBrie tiene una voz envolvente que domina en cada canción interpretada. Petrucci, el guitarrista eximio, no interactúa mucho con el público: solo ejecutaba sus escalas y riffs instigantes para obtener la admiración debida. Everything is never enough, Missunderstood, Sorrounded, amenizaban la velada. Fue The dark eternal night en la que la pantalla y la banda harían una especial simbiosis, incluido cómics del grupo y un logo declarando el North American Dream Squad (Escuadrón del sueño norteamericano). La comunión habitual de un concierto de rock como éste se desarrollaba ante la perfección de una banda que cuida sus detalles en tarima. A mind beside itself part I: erotomania y A mind beside itself part II: voices, le hacían justicia al Awake (EastWest, 1994). Forsaken (el público coreando intensamente), Take the time, In the presence of enemies, auguraban el final del concierto. Dream¿ se despide. Los presentes gritan, piden otra, las luces juegan con sus sentimientos y los inspiran a mantenerse firmes en su justa petición, hasta que asaltan la tarima nuevamente. Sumergidos en lo instrumental exploran sus piezas Trial of tears, One last time, para finalizar su repertorio de 2 horas 20 minutos con In the name of God. LaBrie promete volver y sus fans se van con esa ilusión en la cabeza junto a la satisfacción de repetir la experiencia. Otros fantaseaban con la posibilidad de ver si Tool, Metallica, Iron Maiden o Marillion fijan su mirada por estos lados como muestra de que no necesariamente el rock de MTV es el que interesa. |
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