LUISCARLOS GONZÁLEZ
EL UNIVERSAL
Si los fanáticos de los Orioles de Baltimore creen que
10 temporadas consecutivas con récord negativo es lo
peor que le puede pasar a su equipo; están equivocados,
ya que el panorama de 2008 se vislumbra sumamente negativo.
Y es que a la partida de las estrellas Miguel Tejada y el
lanzador Erick Bedard se la han sumado las lesiones de última
hora del abridor Troy Patton, el cerrador Danys Báez
y el setup Chris Ray.
Para nadie es un secreto que Baltimore afronta un proceso
de reconstrucción. Nadie puede esperar que la divisa
luche el banderín de su División con Medias Rojas,
Yanquis o Azulejos. Sin embargo, tendrá la oportunidad
de probar el coraje de sus prospectos. Además, los venezolanos
Melvin Mora, Ramón Hernández y Luis Hernández,
quien aprovechará la ausencia de Tejada para adueñarse
del campocorto, recibirán la confianza del manager Dave
Trembley.
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El pitcheo, factor que ha sepultado a los Orioles en los
últimos lugares de su División por varias campañas,
volverá a ser su talón de Aquiles en 2008. Y es
que si con Bedard a la cabeza el equipo tuvo 5.17 de efectividad
colectiva en 2007 (la tercera peor de las Grandes Ligas),
con la baja de Patton -quien se perderá toda la temporada
al ser operado en su hombro izquierdo- Báez y Ray, teóricamente
todo será una catástrofe.
El descontrol de sus lanzadores es otro de sus falencias.
Jeremy Guthrie (quien ostentó 7-5 y 3.70 de efectividad
en 2007) será el sustituto del zurdo Bedard en la rotación,
mientras que Adam Loewen y Daniel Cabrera, quien lideró
a las mayores en derrotas (18), carreras limpias admitidas
y bases por bolas (108), lo seguirán. Después de
ver estos números ¿hay que ser adivino para presagiar
la pesadilla que vivirán los Orioles esta zafra?
No obstante, no todo es negativo. Mora, Hernández, Kevin
Millar, Aubrey Huff y Luke Scott tendrán la responsabilidad
de comandar la alineación. Si sus bates responden podrían
evitar ocupar el sótano de la División, algo que
no hacen desde la campaña de 1990.
Si los novatos no logran suplir las notables ausencias, muchos
fanáticos serán testigos de la mayor hecatombe de
los Orioles en su historia.