La muerte del segundo hombre al mando de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia, Raúl Reyes, debe ser evaluada
con mucha cordura y tino por parte de las fuerzas políticas,
judiciales y militares que hoy dirige Hugo Chávez. Resulta
contradictorio pedirles prudencia a los voceros del régimen
que hoy nos gobierna, pero un evento como este duro golpe
a las FARC, exige de diplomacia a la hora de tomar un micrófono.
Las consecuencias de la verborrea pueden ser muy negativas.
La desaparición de este jefe guerrillero debe concebirse
dentro del Plan de Seguridad Democrática que desde hace
tiempo desarrolla el gobierno de la hermana República
de Colombia. El presidente Álvaro Uribe poco a poco ha
ido destruyendo la jerarquía político-militar del
mayor grupo terrorista de Colombia. La importancia de esta
baja radica en que ha quedado demostrado que las FARC han
perdido el control de espacios que antes dominaban.
Durante los últimos meses hemos presenciado hechos que
alertan a la opinión pública internacional acerca
de la descomposición del grupo armado colombiano, entre
ellos la aparición del niño Enmanuel. Es así
como con el transcurrir de los días, se fortalece el
consenso internacional en contra de este movimiento irregular.
Con ello queda al descubierto el juego de alianzas que mantiene
el Gobierno venezolano con esta organización, que ha
bañado de sangre al pueblo colombiano y ha traído
a nuestro país a miles de colombianos que huyen de la
barbarie.
Cuando la comunidad entera felicita al presidente Uribe,
Chávez se ha embarcado en una sarta de insultos contra
él y sus ministros, llegando incluso a amenazar con la
guerra. Lo más grave es que no se ha quedado en palabras,
ha pasado a la acción enviando tropas a la frontera y
cerrando la embajada venezolana en Colombia. Ya no se tiene
pudor a la hora de mostrar el rostro cómplice del régimen
venezolano con las FARC.
¿Con qué derecho se juega con la frágil paz
de dos repúblicas históricamente hermanas? Los venezolanos
siempre hemos sido defensores de la paz, por ello no debemos
secundar este discurso bélico. Somos solidarios con el
pueblo colombiano en estos momentos. En modo alguno aportaremos
más sangre, no traicionaremos nuestros ideales de unidad
y hermandad.
Alvarenga4000@yahoo.com