Nunca se trató de un personaje sencillo. Nunca quiso ser conciliador ni simpático. Oswaldo Guillén a sus 44 años es, de lejos, el más controversial de los 30 managers actuales en los equipos de Grandes Ligas. El nativo de Ocumare del Tuy llegó a dirigir en las mayores rompiendo muchos paradigmas, pero sobre todo generando una polémica que el beisbol de las ligas mayores extrañaba.
Amado y odiado por igual, "Ozzie" busca regresar a la senda del triunfo con los Medias Blancas, a la de las primeras dos campañas, donde se vieron sus comentarios como un elemento secundario. Dirigió equipos capaces de pelear de igual a igual con cualquiera, no el que perdió casi cien juegos en 2007.
"Ya no quiero ser más un tipo simpático. Quiero que este equipo vuelva a ser competitivo, y volveré a dirigir como lo hacía antes. No quiero hacerme el tipo agradable. Hay que hablar claro", dijo Guillén al iniciar la pretemporada.
Los jugadores lo siguen viendo entre un halo de miedo, respeto, amor, odio. El primer venezolano en dirigir en las mayores mueve sensibilidades en Chicago, mucho más que en sus tiempos de jugador, donde se caracterizó por defender a sangre y fuego a sus queridos Medias Blancas de 1985 a 1998.
El milagro de 2005, donde se convirtió en el primer manager latinoamericano en ganar una Serie Mundial, fue apenas un capítulo más en una historia que se mantendrá como una de las más interesantes de personaje alguno en el beisbol.
Pero al auge le sigue su posterior declive. Es parte de los procesos naturales en cuanto a relaciones humanas se refiere.
Guillén, con su orgullo de por medio, apela a la emotividad de sus jugadores para evitar que se repitan los errores del año pasado, tratando de sacarle la mayor rentabilidad posible a un cuadro que está lejos de competir, en cuanto a nombres, con los Tigres de Detroit.
El trayecto a lo largo de 2008 se antoja largo y lleno de espinas para el criollo. El manager de los Medias Blancas se encuentra ante un desafío único. Si es capaz de lograr la remontada y ensamblar un conjunto competitivo, probablemente habrá colocado su nombre, de nuevo, en el sitial de los managers más exitosos. Mientras tanto sigue ensayando. El fracaso, para él, no es una posibilidad.