La última grabación, la de siempre, aún no
ha sido cambiada, y con la inercia que provoca la costumbre
(más fuerte que el amor, ya se sabe) la siguen repitiendo
los altavoces: "El que está en los andenes es el último
tren comercial. Favor abordarlo o desalojar la estación".
Pero no. No es el último. Son las once y cinco minutos
de la noche en la estación de Zona Rental y ese tren
que aguarda puertas abiertas no es el último. No todavía.
No por primera vez en veinticinco años. No desde el pasado18
de febrero.
Desde entonces y desde esa estación, el Metro de Caracas
decidió poner al servicio de los usuarios un expreso
de medianoche con un solo punto de partida (Zona Rental),
una sola transferencia (Las Adjuntas) y un solo destino (Los
Teques).
Once y nueve minutos y el penúltimo tren se larga. El
hilo musical, ese que mezclaba el sonsonete bolivariano con
música llanera y Mecano (¿Qué hacen unos españoles
como ustedes en un club como este?) se desvanece de pronto.
No más propaganda del Gobierno, no más cuatros,
arpas y maracas, no más Cruz de Navajas. La media
hora de espera se hará en unánime silencio.
La gente empieza a llegar de a poco y en grupitos: dos aquí,
tres allá, cuatro acullá. En su mayoría, jóvenes
de ropa oscura, cabellos claros a fuerza de tinte y expresión
ausente: vienen del concierto del grupo norteamericano de
rock My Chemical Romance, que acaba de presentarse en La Rinconada.
Cuando a las once y treinta y cinco el metro llega por fin,
los grupos dispersos se juntan en el primer vagón, arreados
por dos agentes de seguridad con chaquetas negras que dicen
Gerencia Corporativa en una línea y Protección Integral
en la otra. También en el vagón hay dos PM. El disímil
grupo de policías y jóvenes rebeldes no llega a
treinta personas, y más de la mitad de éstas viene
del Poliedro.
Un funcionario intenta explicar la escasa afluencia con un
argumento impecable: "Es que son veinticinco años cerrando
a las once de la noche, es difícil crear el hábito
de un día para otro. Este servicio no tiene ni dos semanas,
recuerden eso".
Los pasajeros, la mayoría de los cuales está usando
este tren por vez primera, creen más bien que la razón
de que estén conformando un grupo tan disminuido es la
falta de propaganda que ha rodeado a este servicio.
De la noche a la mañana
A las once y treinta y ocho parte el tren que tardará
22 minutos en llegar a su primera parada (Las Adjuntas). Salió
el miércoles, llegó el jueves y desacelerando pasó
por Parque Central, Nuevo Circo, Teatros, Capuchinos, Maternidad,
Artigas, La Paz, La Yaguara, Carapita, Antímano, Mamera
y Ruiz Pineda.
Durante el trayecto, más de diez personas se quedan
dormidas mientras un muchacho le da a su perinola, incansable.
Un señor se mezcla con los jovencitos y empieza a hablar
de sus experiencias en múltiples conciertos: "Los Enanitos
Verdes vinieron como teloneros¿ el mejor sonido fue el
de Phil Collins... cincuenta mil pagué para ver a Michael
Jackson, pero no vino¿ me pusieron un yesquero en la
nuca y se me prendió la camisa, casi salgo incendiado".
Los muchachos le miran con una expresión que mezcla el
fastidio con la incomprensión, mientras las lucecitas
de los ranchos indican que el tren salió a la superficie
y entró en la recta final entre Antímano y Mamera.
Ya en Las Adjuntas, ya jueves, el escuálido grupo se
reduce aun más: sólo 16 personas irán a Los
Teques. Subir las escaleras, caminar, bajar, y ya se está
en el otro andén. Tres minutos apenas tarda "el ascensor"
(así llaman los usuarios a este vehículo que va
cuesta arriba) en cerrar sus puertas. Le tomará trece
más llegar a su destino, a esa inmensa estación
de Los Teques que parece aun mayor en esa soledad de medianoche.
Cada quien se sube a uno de los tres autobusetes que por
Bs 500 (BsF 50) le llevará a cualquier parte de la capital
mirandina. Fin del trayecto, hasta aquí podíamos
llegar. "Esperando que haya disfrutado del expreso Zona Rental-Los
Teques, el Metro de Caracas, conciencia del deber social,
le da las buenas noches". ¿O los buenos días?