Antes de entrar a desarrollar el tema de mi artículo
quiero hacer un breve paréntesis para expresar el profundo
dolor que me ha causado el trágico fallecimiento de mi
querido amigo y colega Ítalo Luongo y para hacer llegar
a sus familiares y deudos mi sentido pésame por tan irreparable
pérdida.
Cuando en el título de mi artículo hablo de "Los
sucesores de Fidel" me refiero a la sucesión interna
y la sucesión externa de ese personaje.
Lo primero ya ha quedado aclarado con la decisión, nada
sorpresiva, tomada el domingo pasado por la Asamblea Nacional
del Poder Popular de designar a Raúl Castro presidente
del Consejo de Estado, es decir, como jefe de Estado o presidente
de Cuba.
En cuanto a lo segundo, ¿puede haber un sucesor internacional
de Fidel Castro?
En principio, así como lo sustituye internamente, Raúl
Castro debería ser el "sucesor natural" de su hermano.
Sin embargo, pienso que el nuevo gobernante cubano se dedicará
fundamentalmente a atender el frente interno. Raúl es
un hombre parco, que tiene aversión a la figuración
pública y con más razón a la exposición
internacional. Su nombre completo es Raúl Modesto Castro
Ruz y su carácter le hace honor a su segundo nombre.
Lo ha demostrado en su conducta durante el año y medio
que se desempeñó como gobernante interino, durante
el cual, si no me equivoco no ha hecho un solo viaje al exterior
de su país. Como dice Brian Latell en su libro Después
de Fidel, "Raúl nunca ha estado motivado por una búsqueda
egotista de fama, gloria o gratificación internacional".
Además nunca ha pretendido alcanzar la popularidad mítica
de su hermano.
Descartada entonces la posibilidad de que Raúl llene
el lugar que ha ocupado Fidel Castro en el escenario internacional
y de manera particular en el latinoamericano, queda en la
palestra Hugo Chávez quien pretende autoproclamarse como
el sustituto de Fidel.
Chávez no ha disimulado esa pretensión. Su empeño
en considerar a Fidel como su padre y declararse él mismo
como su hijo, sería una manera de reivindicar su condición
de sucesor legítimo del líder cubano. No en vano
Chávez pretende crear una confederación Venezuela-Cuba
y afirmar que los gobiernos de Venezuela y Cuba son la misma
cosa. No cabe duda de que esa aspiración ha sido
deliberadamente alimentada por el propio Fidel. No porque
crea que efectivamente Chávez reúna las condiciones
para llenar el vacío que dejará cuando se produzca
su desaparición definitiva del panorama internacional,
sino porque con todo cinismo busca estimular su narcisismo
y su vanidad para que Cuba pueda continuar beneficiándose
de la generosidad bobalicona que ha servido para sacar a flote
a un país que estaba a punto de sucumbir cuando la ex
Unión Soviética lo dejó a la deriva.
Sin que ello signifique exculparlo de los crímenes que
cometió en su país ni la terrible situación
en que ha mantenido a su pueblo durante 49 años, no se
puede desconocer que Fidel Castro es un fenómeno político
que emergió por su propio peso y con el favor de
las coyunturas nacionales cubanas e internacionales, no sólo
latinoamericanas sino mundiales. Quizás si no hubiera
habido una guerra fría este-oeste, Fidel no habría
llegado donde llegó. Eso le permitió convertirse
en una especie de cabeza de playa del comunismo soviético
a pocas millas de Estados Unidos.
En su esfuerzo por imitar a Fidel, Chávez se empeña
en crear una nueva guerra fría, esta vez entre el sur
y el norte. Pretende movilizar a los gobiernos y movimientos
del tercer mundo para enfrentarlos al imperialismo y asume
una postura de permanente provocación al "imperio". Aspira
a que, como Cuba, Venezuela luzca a los ojos del mundo como
la pequeña nación víctima de la agresión
norteamericana. Su ambición megalómana lo lleva
hasta desear que efectivamente Estados Unidos intervenga militarmente
en Venezuela para así tener su propia "Bahía de
Cochinos" como la que tanto contribuyó a sobredimensionar
la estatura política internacional de Fidel Castro. Como
la potencia del norte no ha caído en el juego, últimamente
ha buscado provocar un incidente con Colombia con la misma
finalidad pero afortunadamente el presidente Uribe tampoco
se ha dejado arrastrar en esa maquinación. Para
colmo, ahora le ha dado porque no lo llamen presidente sino
comandante en jefe, con lo cual se asemejaría todavía
más a su tutor político e ideológico.
No es aventurado afirmar que Chávez no tiene la más
mínima posibilidad de emerger como el nuevo Fidel. Su
imagen internacional ha tenido un descenso en picada
como resultado de sus fracasos en el frente interno, comenzando
por la derrota del 2 de diciembre, y sus bochornosas
actuaciones en el escenario internacional. A esto hay
que agregar que si bien, como quedó dicho, Raúl
no pretende ser el sucesor internacional de Fidel, difícilmente
aceptaría que un personaje controversial como Hugo Chávez
llegue a erigirse en el heredero de su hermano en la escena
internacional. Raúl lo dijo en su discurso del domingo
pasado: "Fidel es insustituible". Le faltó agregar: dentro
o fuera de Cuba.
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