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NOELIA SASTRE
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
Los Ángeles.- "La pregunta no es qué ha
pasado este año, sino qué pasó en el 2007 para
que hubiera tantos latinos nominados. No olvidemos que somos
una pequeñísima parte de Hollywood y que los Oscar
son sus premios, no los nuestros". El director brasileño
Fernando Meirelles (nominado al Oscar como Mejor director
en 2002 por Ciudad de Dios) lo tiene claro: las estatuillas
que hoy se repartirán en el Kodak Theatre de Los Ángeles
están hechas para la industria americana, y la nutrida
lista de latinos en el 2007 fue pura casualidad.
Frente a los 16 del año pasado, esta vez sólo hay
cuatro nominados que hablan español: la colombiana Isabel
Vega por La Corona (un corto documental que tiene como
productor asociado y editor al venezolano Luis Colina), además
de los españoles Javier Bardem (actor de reparto) y Alberto
Iglesias (música), y el neoyorquino de origen cubano
Francisco Bello (también en la categoría de corto
documental).
Meirelles asegura que los Oscar tienen que ver con el dinero,
no con el cine. "Incluso en mi caso, Miramax invirtió
mucho en publicidad y promoción cuando me nominaron por
Ciudad de Dios, dijo a El Universal durante
la presentación de City of Men, película
que ha producido.
Salud cinematográfica
El director de El jardinero fiel, una de las cintas
con más nominaciones en el 2006, conoce bien las estrategias
de Hollywood. Sabe que "todo el mundo debe venderse y entrar
en el juego" si quiere conseguir algo. "Es una lástima
que no haya más nominados latinoamericanos, pero la buena
salud de nuestro cine nunca se refleja en los Oscar", apunta
Meirelles. Y recuerda el gran momento de Brasil: la cinta
The year my parents went on vacation estuvo entre las
nueve preseleccionadas a mejor película extranjera, Tropa
de élite acaba de ganar el Oso de Oro en la Berlinale
y él mismo quiere llevar Blindness (basada en
la novela Ensayo sobre la ceguera del premio Nobel
José Saramago) al próximo festival de Cannes.
Carlos Gutiérrez, cofundador de Cinema Tropical, coincide
con Meirelles en que "no hay que tomarse los Oscar en serio
porque no representan lo mejor del cine mundial, sino a la
industria de Hollywood". Su organización, dedicada a
la promoción del cine latinoamericano, es la distribuidora
que más títulos hispanos estrena en EEUU, donde
"sólo llegan a las salas unos 15 títulos al año,
y eso a pesar de la buena salud de nuestra producción",
explica este mexicano afincado en Nueva York.
"En 2007 se dio una coyuntura maravillosa con muchos nominados,
pero eso no tiene nada que ver con el talento que premian
en los Oscar".
Para demostrarlo, Gutiérrez pone como ejemplo a Argentina,
"que lleva años haciendo estupendos filmes pero no logra
distribuirlos en EEUU porque sus cineastas trabajan en Buenos
Aires, a diferencia de mexicanos como Cuarón o González
Iñárritu, que se han mudado a Hollywood".
El cofundador de Cinema Tropical apunta a este diario que
el problema no es el talento, sino la distribución. "Incluso
pequeños países como Uruguay hacen cosas interesantes.
Venezuela, sin embargo, se está quedando rezagada, a
mucha distancia de otros. No sé si será la autocensura,
pero desde luego no estamos viendo buenos trabajos venezolanos".
Etiquetas y tradiciones
Otro problema de la industria latinoamericana es que está
atrapada, como en un sandwich, entre la francesa -con su etiqueta
de cine de arte y ensayo- y las producciones comerciales de
Hollywood. "Por eso a los críticos y distribuidores les
cuesta encontrarle un sitio".
Y repite, por si alguien no se ha enterado: "nuestro cine
atraviesa un momento genial; el problema es la distribución".
Así, lo que el año pasado fue "el gran triunfo
hispano en Hollywood", con nominaciones a mejor director,
película, actriz, guión, sonido, fotografía,
montaje, cortometraje, música o maquillaje, es hoy una
famélica lista con cuatro rostros: Bardem por su interpretación
en Sin lugar para los débiles, Iglesias por la
música The The Kite Runner, Vega con La Corona,
cinta sobre un concurso de belleza en una cárcel colombiana
de mujeres producida y editada por el venezolano Colina, que
ya estuvo nominado en 1994 por otro trabajo, y Bello (de 27
años, nacido en Queens pero de origen cubano) por Salim
Baba, que retrata a un proyeccionista en Calcuta.
Vega, de 30 años, creció en Colombia y vivió
en Nueva York antes de mudarse a Los Ángeles en 2003.
"Me interesaba esa obsesión", afirma al Daily News.
La cineasta pasó dos meses en Bogotá, en la prisión
El Buen Pastor, no sin momentos trágicos como la protagonista
asesinada poco después de la grabación.
Bello, por su parte, asegura estar muy feliz "sólo por
el hecho de estar nominado".
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