"Se trata de un nuevo ejercicio de la función policial y el enfoque civil incluye mandos, formación, estructura y estrategias"
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ROBERTO GIUSTI
EL UNIVERSAL
Para Soraya El Achkar, quien fungiera como secretaria técnica
de la Conarepol, (Comisión Nacional para la Reforma Policial)
la concreción de la Ley de Policía Nacional constituye
el mejor ejemplo de democracia participativa y de construcción
de un acuerdo nacional: "una comisión plural, amplia,
con criterio de transparencia, conformada por representantes
de la sociedad civil, el Gobierno y el Estado, hizo un diagnóstico
profundo sobre la situación de las policías y al
mismo tiempo pulsó la expectativa popular en torno a
lo que se pensaba y esperaba de la Policía. Tanto el
diagnóstico como la consulta sirvieron de base a un modelo
que se presentó al país y la concreción de
la ley es el resultado de ese proceso, capaz de conducirnos
a un acuerdo nacional. Una experiencia que demuestra la posibilidad
de alcanzarlo en otros ámbitos"
-¿No hubo, entonces, imposiciones por parte del Ejecutivo
nacional en la elaboración de la ley?
-El proyecto que está sometiéndose nuevamente a
consulta recoge todo el modelo presentado previamente por
la Comisión Nacional para la Reforma Policial. Las recomendaciones
en torno a la unificación de criterios sobre seguridad
social, educación, previsión social, normas de actuación,
rendición de cuentas, atención a las víctimas,
los procedimientos para la intervención, son todos del
modelo presentado por la Conarepol. Además, la ley no
sólo crea el servicio de Policía, sino que por primera
vez en la historia de la República se diseña una
política pública en torno a cuerpos de Policía.
-¿No es contraria la ley al criterio de descentralización
administrativa contemplada en la Constitución?
-Para nada. La Policía Nacional no va a coordinar las
otras policías ni a intervenirlas. Aquí pasamos
de la dictadura a la democracia y de la Constitución
del 61 a la del 99, pero los cuerpos policiales se mantuvieron
intactos. Luego fuimos de un país centralizado a uno
descentralizado y cada alcalde y gobernador hizo lo que creyó
conveniente con la Policía. Se creó un monstruo.
Así, tenemos policías que se forman y otros que
no, unos que conocen el espectro continuo del uso de la fuerza
y otros que no saben ni disparar. La ley unifica criterios
y crea un órgano rector que no centraliza porque las
autoridades de Policía son los alcaldes, los gobernadores
y el Ejecutivo nacional. Este órgano sí revisa estándares,
coordina, asiste técnicamente cuando las policías
no alcanzan los niveles óptimos y solicita a los tribunales,
con acompañamiento del Ministerio Público, la suspensión
de la actividad si hay violaciones de derechos humanos u otro
tipo de delitos graves.
-¿Quiere decir eso que las policías estadales,
regionales, municipales y locales, conservarán la autonomía?
-Completamente. Eso lo garantiza la Constitución. La
ley les dice a las autoridades de Policía (gobernadores,
alcaldes, Ejecutivo nacional), que no intervengan tan directamente
en los asuntos de profesionalización del policía:
el ingreso a la academia, la permanencia, la formación
continua. Esos son estándares establecidos en la ley,
líneas marco y en adelante habrá que especificarlas.
-¿Cuál es el criterio que orienta a la ley en
cuanto al combate al delito?
-Ese asunto no corresponde a esta ley. Hay que diferenciar
entre seguridad ciudadana y Policía. Nuestro objetivo
es garantizar un servicio de Policía en el ámbito
municipal, regional y nacional que sea civil, profesional,
universal, imparcial y respetuoso de los derechos humanos.
Incluso hay un capítulo dedicado a las normas de actuación
por la comunidad internacional (ONU) en materia de derechos
humanos que deben cumplir las policías: uso de la fuerza,
tratamiento a víctimas, a personas detenidas, porte de
armas, identificación.
-La gente se siente indefensa ante la inseguridad y eso
ha provocado una exigencia de mano dura contra el hampa. ¿Cómo
conciliar un criterio con el otro?
-La violencia genera más violencia. Por eso es necesaria
la reforma y eso deben entenderlo tanto los policías
como sus autoridades (alcaldes y gobernadores). No puede haber
órdenes a los cuerpos de Policía de razias, plomo
al hampa, limpieza social. La violencia se erradica trabajando
en múltiples dimensiones.
-Dimensiones que están más allá de la ley.
-Por supuesto. Por eso los temas de seguridad no son exclusivos
de la Policía. Pero la violencia sólo debe administrarse
en casos estrictamente necesarios, siempre apegados a la ley
y en respeto de los derechos humanos. El arma solamente se
usa para la defensa personal o de terceros.
-Un obstáculo para hacer cumplir la ley en ese sentido
está en la militarización de las policías.
-La Policía es completamente civil. En sus mandos, en
su estructura, en la formación, en la táctica, en
la estrategia, en la adquisición de equipos. Se trata
de un nuevo ejercicio de la función policial. Desde el
primer gobierno del doctor Rafael Caldera se militarizaron
las policías y tenemos 40 años con policías
militarizadas. Ese enfoque militar incluye hasta la forma
de disparar. Porque una cosa es el tiro de combate (de ataque)
y otro el tiro policía (defensivo) y aquí todas
las policías hacen tiro de combate. Hablamos de un cambio
cultural y por eso la ley no es suficiente, sino sólo
el primer paso de un proceso que debe ser continuo, con enfoque
civil y profesional.
-Hay signos que no parecen encuadrar con ese enfoque,
como el paso de la PM al Ministerio del Interior.
-La ley establece que los distritos metropolitanos no tuvieran
Policía porque ya tienen a las policías municipales.
Para no duplicar esfuerzos se tomó esa decisión.
El pase de la PM al Ministerio del Interior es el traslado
de una papa caliente porque ese cuerpo tiene serios problemas.
Los diagnósticos señalan altos niveles de complejidad
y de violencia. El cambio no resuelve del todo esos problemas
y esa Policía, como las otras, necesita una atención
inmediata en materia de reforma.
-¿Cómo quedan en la ley cuerpos policiales como
el Cicpc y la Disip?
-Esas policías tienen sus propias normas y no son policías
de patrullaje. Pero sus grupos especiales pasan a la Policía
Nacional. En la ley se establece, por otra parte, que todas
las normas de actuación de las policías no sólo
incluyen a las dos mencionadas, sino a las instituciones militares
que cumplan funciones policiales. Es decir, la Guardia Nacional,
si cumple funciones policiales, está sujeta a las normas
de actuación establecidas en la ley.
-Dices que la ley es un primer paso. ¿Cuál es
el segundo?
-La implementación, que requiere el desarrollo normativo
posterior. Hace falta una ley del estatuto de la función
policial para regular el ingreso, la carrera, el egreso y
los temas disciplinarios. Igualmente el diseño curricular
porque la ley dice que en dos años debemos tener Policía
Nacional y eso nos obliga a montar la academia y unificar
criterios sobre la formación para que el año próximo
se inicie la promoción, captación y reclutamiento.
Así, en el tercer año tendremos Policía Nacional
y no con funcionarios sacados de la manga. Aquí hay policías
que salen a la calle, como ocurre en Aragua, formados en tres
semanas. Y uno se pregunta: ¿En manos de quién estamos?
-¿Cuál es el ámbito de acción y atribuciones
de la Policía Nacional?
-Todas las policías tienen las mismas competencias:
garantizar la seguridad, auxiliar a las autoridades, resolver
conflictos por la vía no violenta, el tema del tránsito
y prevenir el delito. La diferencia está en que a mayor
complejidad, interviene la que tenga mayor capacidad. Hay
criterios de intervención, complejidad, intensidad y
territorialidad. Un conflicto entre estados no pueden resolverlo
policías regionales o municipales, sino la Policía
Nacional. Si hay un jíbaro (vendedor de drogas) en determinado
barrio, eso compete a las policías municipal o regional,
pero si es una red de narcotráfico con implicaciones
nacionales o internacionales, interviene la Policía Nacional.
rgiusti@eluniversal.com
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