NORA SÁNCHEZ
ANTHONY RANGEL
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
Mérida/Maiquetía.- Los últimos pasajeros
en montarse en el vuelo 518 de Santa Bárbara, en el aeropuerto
Alberto Carnevali de Mérida, fueron el alcalde de Rangel
(Mucuchíes), Alexander Quintero, y su hijo Eisberth,
de 11 años. Eso fue casi a las 5 de la tarde. A medianoche,
la esposa de Quintero, Elizabeth, lamentaba, entre sollozos,
que sus seres queridos no hubieran perdido el avión.
Y es que la aeronave, modelo ATR 42-300 de fabricación
franco-italiana y matrícula YV-1449-C, desapareció
de los radares apenas 15 minutos después de su despegue,
y antes de alcanzar a tener contacto con la siguiente torre
de control, la de Valera, Trujillo.
Poco antes de medianoche, el gobernador de Mérida y
compañero de partido de Quintero, Florencio Porras, señalaba
que el avión, con 43 pasajeros y tres tripulantes a bordo,
se había estrellado, sin siquiera emitir un mensaje de
emergencia, en un sector comprendido entre el páramo
de Mifafí-Piedras Blancas-El Collado del Cóndor.
"Pero no sabemos exactamente el sitio", indicó el funcionario.
Según Protección Civil, habitantes de esa sierra,
a 4 mil metros sobre el nivel del mar, vieron precipitarse
una aeronave y oyeron una explosión.
La noche, la niebla y las bajas temperaturas en la zona complicaban,
al cierre de esta edición, localizar los restos de la
aeronave. Y aunque Porras señaló que "ojalá
haya sobrevivientes", las probabilidades, reconocía Noel
Márquez, director de Protección Civil Mérida,
eran escasas. "Las condiciones de la zona en la que podría
haber caído la aeronave, en los páramos de Mérida,
no permiten una búsqueda nocturna", dijo. Pero pidió
a los familiares "tener fe".
Tanto el capitán de la aeronave, Aldino Granito, como
el copiloto, Dennis Ferreira, eran operadores aéreos
de experiencia, residentes en Vargas, y la desaparición
de la aeronave, que se hizo oficial a las 8 de la noche, causó
conmoción en los despachos de Santa Bárbara.
Granito tenía ocho años volando con la aerolínea.
Amigos y familiares de los desparecidos en el vuelo fueron
llevados a un salón provisional del edificio sede del
aeropuerto de Maiquetía, ahogados en llanto y en desesperación,
y completamente aislados de los medios. Médicos y sacerdotes
fueron dispuestos para darles confort y consuelo.
Mientras, en Mérida, el aeropuerto Carnevali fue abarrotado
de personas que querían mostrar su solidaridad con los
familiares de los desaparecidos. Entre los pasajeros del avión
también se encontraba el internacionalista Ítalo
Luongo, quien había dado una conferencia en la Universidad
de Los Andes; y dos primos del viceministro de Seguridad Ciudadana
del Ministerio de Relaciones Interiores, Tarek El Aissami.
Sin embargo, y pese a que las esperanzas son escasas, aún
no se puede hablar de fallecidos, indicaba el director de
Santa Bárbara Airlines, Jorge Álvarez. El vocero
decía que hablar de un siniestro era "precipitado". Equipos
del Instituto Nacional de Aeronáutica Civil partieron
a las 11:00 pm a la zona, deseando que Álvarez tuviera
razón.
CON INFORMACIÓN DE JORGE HERNÁNDEZ